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Reportaje:MÁS CAMBIOS DE ENTRENADORES EN PRIMERA QUE EN 12 AÑOS

El mayor reto del 'cabezón'

Onésimo, famoso como jugador por su regate, se hace cargo del Valladolid

Barcelona
Juan Carlos Garrido sustituyó ayer a Ernesto Valverde en el banquillo del Villarreal. Onésimo Sánchez ocupó la plaza de José Luis Mendilibar en el Valladolid. Con ellos son ya siete los cambios en Primera en 20 jornadas, la mayor cifra a estas alturas en 12 años. Como Guardiola (Barça), Jiménez (Sevilla) y Gay (Zaragoza), Garrido y Onésimo también proceden del equipo filial.

José Luis Mendilibar fue destituido ayer como entrenador del Valladolid después de dejar "una huella de trabajo honrado y calidad humana". Le sustituye Onésimo Sánchez González (Valladolid, 1968), hasta ayer entrenador del filial, que sólo ha perdido un partido y es líder del Grupo VIII de la Tercera División. "Ha sido una promoción interna", afirmó Carlos Suárez, el presidente del club, al referirse al inolvidable extremo de cabellera rizada; "le he dado muchas vueltas. Espero que Mendilibar me entienda".

Onésimo es sobre todo un hombre de club, un ex jugador que se distinguió por su capacidad para el regate, una suerte a la que dio un toque muy personal: la cabeza gacha, el giro sobre sí mismo, como una peonza, para sortear rivales en una baldosa, aunque nunca alcanzó la gloria a la que parecía llamado. Hijo de un camionero y el menor de siete hermanos, futbolista de calle -"he jugado al fútbol hasta con botellas de lejía, como todo el mundo"-, menudo, cabezón y pícaro dentro y fuera del campo, formó parte del recordado Valladolid juvenil entrenado por Javier Yepes, que llenaba los domingos por la mañana la tribuna principal del viejo Zorrilla. Debutó en Primera a los 17 años y, desde entonces, paseó por el fútbol español su imán en los borceguíes hasta 2002.

Ganó 10.000 pesetas por ir del Camp Nou al Miniestadi sin que se le cayera la pelota

En el Valladolid jugó dos temporadas hasta que fue cedido al Cádiz. Johan Cruyff reparó en Onésimo cuando vestía de amarillo y le contrató para la temporada previa (1989-90) a la explosión del dream team del Barça. Aunque sólo jugó un año en el Camp Nou, dejó huella en el vestuario por divertido -nadie ha vuelto a contar los chistes con su gracia- y por una gesta: una mañana se jugó 10.000 pesetas contra todo el que quisiera apostar que era capaz de ir del Camp Nou al Miniestadi sin que se le cayera la pelota de los pies. Fue, volvió, cobró e invitó a comer a sus compañeros. La hinchada, sin embargo, le recuerda especialmente por la forma como revolucionó una eliminatoria de la Recopa contra el Anderlecht, ganada en la prórroga por el conjunto belga.

Más tarde recaló tres años en el Rayo Vallecano, en el que le bautizaron como La Chincheta y le recuerdan por el gol de la permanencia en Primera. Jugó en el Sevilla (1996-1997) y, tras un año casi en paro, en el Burgos (1990- 2000) para retirarse en el Palencia (2000-2002). Ya de entrenador, dirigió al Valladolid B, llevó al Huesca a Segunda -su mayor éxito- y la pasada temporada regresó al filial pucelano en sustitución de De la Fuente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010