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Reportaje:Estilos

El cine no siempre tiene un final feliz

Una oleada de nuevos documentales afronta sin miedo problemas sociales

Están a medio camino entre el periodismo y la denuncia. Si, por definición, el documental es el cine de la no ficción, a veces esa realidad es tan cruda que el género se convierte en causa. En 2006, A lion in the house, un documental sobre la lucha de cinco niños con cáncer, dejó sin respiración al público en el festival de Sundance y, justo antes de morir, Joaquim Jordà se adentró en el mundo de las agnosias y las alexias en Más allá del espejo. Y The pilgrims (Los peregrinos), Surviving Amina (Sobrevivir a Amina) y Variaciones de las variaciones, tres documentales en curso, ponen cara y ojos al autismo, la leucemia y o el Alzheimer.

La fotógrafa Amanda Copeland cogió la cámara de vídeo cuando en 2002 escuchó el diagnóstico de autismo de su hija Lila, que entonces apenas tenía dos años y medio. A partir de ese momento, Copeland se convirtió en una activista: "El foco de mi vida es llamar la atención sobre este problema", explica Copeland desde Los Ángeles. El drama de muchos padres, señala, es el abandono por parte del sistema médico que sufren las familias: "Sabemos que se puede tratar el autismo y los niños pueden acabar yendo al colegio, por ejemplo". Esta fotógrafa y forofa surfera, se ha rodeado de un plantel de nombres conocidos para sacar adelante The pilgrims. El rodaje terminará este verano, cuando la directora, su hija Lila y otros dos niños autistas con sus familias culminen el Camino de Santiago, metáfora de una "historia de amor épica" en busca del milagro. Narrado por el actor Aidan Quinn, The pilgrims cuenta con Rodrigo García (hijo de Gabo) como productor ejecutivo. En plena promoción de su último filme de ficción, Mother and child -se estrenará en mayo en EE UU- García también trabaja en un proyecto de documental del que tan sólo desvela que tiene como protagonista a un enfermo terminal. "En un documental partes de una idea vaga o general. Lo interesante es la búsqueda".

Tratan temas como el autismo, la leucemia o el Alzheimer

La colaboradora en Nueva York de EL PAÍS Barbara Celis, afincada en Nueva York desde hace una década, conoce bien los giros inesperados que encierra el rodaje de un documental. Está terminando de montar Surviving Amina y el resultado nada tiene que ver con su idea inicial: "Empecé rodando sin más el parto de una amiga. A los dos meses, cuando a Amina le diagnosticaron leucemia, su madre me propuso hacer algo que sirviese de referencia para otros padres". Pero lo que creyó que sería una historia de lucha y triunfo -el 60% de los niños supera la leucemia- se convirtió en la crónica del derrumbamiento de una pareja joven que no sobrevivió a la muerte inesperada de Amina a causa de una crisis respiratoria.

Al igual que Copeland, Celis ha puesto en marcha toda una serie de tácticas de cine de guerrilla para finalizar sus proyectos, con Internet como gran aliado.

De todos estos documentales, quizá sea el nuevo de Carles Bosch el que más expectación ha creado. Recibió en noviembre de 2007 un encargo: rodar un documental que sea el tratamiento del Alzheimer lo mismo que Una verdad incómoda, de Al Gore, para el cambio climático. La propuesta le llegó del "entorno" del ex presidente de la Generalitat de Catalunya, Pasqual Maragall, que poco antes había anunciado que padecía la enfermedad. "Lo estoy viviendo con el triple de responsabilidad que si fuera un proyecto mío", dice Bosch sobre el tercer documental que dirige, tras Balseros y Septiembres,

y que espera haber terminado en primavera. "Yo les he advertido: Balseros tuvo una nominación a los Oscar pero no cambió las relaciones con Cuba", añade sin ocultar su preocupación por las expectativas que sabe que el proyecto crea.

Variaciones de las variaciones -título provisional- quiere mostrar la lucha de un hombre cuya vida no se acaba tras el diagnóstico. "¿Cuál es la línea para no caer en el morbo? Lo estamos teniendo muy claro. Cuando ves ciertos programas en televisión o la prensa del corazón, pues igual creen que son honestos, pero esa escala de valores no es la mía".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de enero de 2010