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COLUMNA

Oscuridad

Ahora miramos hacia Haití a diario, pero sabemos que pronto caerá la oscuridad, el silencio sobre ella, la fatiga informativa. El silencio es más dramático que el ruido. Pensemos por ejemplo en Chechenia. La otra noche me encontré en Barcelona al escritor Jonathan Littell. Somos vecinos ocasionales en Gràcia, pero en lugar de hablar del Estatut no tardamos en comentar sobre Chechenia. Acaba de publicarse en castellano su libro-reportaje sobre el estado en que encontró a esta república del Cáucaso después de su estancia allí, años atrás, como cooperante. Chechenia, año III (RBA).

Todos ustedes sabrán, a estas alturas, el alto precio que pagaron los chechenos durante la guerra contra el terrorismo que tuvo lugar en su territorio. Las fotos, los reportajes, los periodistas, algunos de ellos asesinados sólo por contar lo que veían, se encargaron de transmitirlo. Pero ahora sólo hay silencio. Moscú logró imponer un presidente afín, Ramzán Kadírov, y éste les ha devuelto el favor, ha sacado al país de las páginas de internacional, de los telediarios. La sombra del silencio permite actuar con más habilidad.

Al parecer, son las mujeres las mayores víctimas de esta paz nada ruidosa. Aparte de que el Gobierno local ha impuesto una especie de sharía islámica a la medida del país, la mortandad masculina durante el periodo bélico las obliga poco menos que a satisfacer a los supervivientes. La BBC World aún emite y conserva en su página web un reportaje esclarecedor llamado Chechenia's missing woman, donde se acredita el secuestro de mujeres, las bodas forzosas y las desapariciones. A veces con grabaciones precarias desde un móvil en las que se ve a un grupo de hombres bajar de un coche y apropiarse literalmente de una joven que pasaba por la acera. El presidente no se muestra muy preocupado por el asunto, sostiene que toda mujer al principio se resiste un poco, pero luego acepta el amor, aunque sea a regañadientes.

Pero quizá lo más espeluznante es escuchar el testimonio de Natalia Estemirova, profesora de Historia y miembro de la asociación Memorial, tratando de explicar las dificultades para ayudar a estas mujeres. Su voz también ha quedado silenciada, como el resto del asunto: fue asesinada semanas después de grabarse el reportaje. Sucede así, cuando el foco se aparta sólo queda la oscuridad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de enero de 2010