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La orografía potenció la violencia del vendaval

Un herido sigue ingresado en el hospital Clínico

La principal responsable del violento vendaval que barrió la Comunidad Valenciana el jueves tiene nombre propio. Se trata de Floora, la borrasca que entró por Galicia la madrugada del jueves y que se desplazó hacia el Mediterráneo hasta alcanzar las Baleares en las primeras horas de ayer. Sin embargo, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el mérito de la extraordinaria intensidad de las rachas provocadas por este ciclón no es solo suyo. Junto a este factor, existen otros de pequeña escala, como la orografía del territorio valenciano, que canalizaron y potenciaron el viento hasta convertir este temporal en el segundo más importante de los últimos 65 años.

El viento tiene su origen en una diferencia de presión. En este caso, el contrapunto a las altas presiones del Atlántico lo puso Floora -borrasca bautizada por la Universidad Libre de Berlín, encargada de nombrar a estos fenómenos atmosféricos en Europa-. Dentro de este esquema clásico de altas y bajas, Floora presentaba un "tamaño reducido", según las mismas fuentes. Pero sobre todo, un movimiento muy rápido "una particularidad que no se suele dar" y que se traduce en un viento más racheado y con cambios bruscos de dirección en poco tiempo.

Los valles del Júcar o el Turia canalizaron las rachas de viento

Este es el marco general. Pero, además, existe una lectura particular de este escenario que explica la fuerza de las ráfagas registradas el jueves, especialmente en el litoral y prelitoral, y que se explica por la orografía valenciana.

Por un lado está el efecto del viento en dirección oeste-este, que recorre la meseta, desciende las montañas prelitorales y alcanza la costa. En este recorrido descendente, el viento se acelera. Pero, además, estos vientos intensos son muy inestables y es fácil que produzcan turbulencias, apuntan desde la Aemet.

A este factor se sumó la canalización de las corrientes por parte de barrancos y valles, como los del Júcar o Turia, alineados también de forma paralela a la dirección del viento -de oeste a este- que sirvieron de privilegiados pasillos que condujeron al viento acelerado por el fenómeno anterior a las llanuras de L'Horta o La Ribera. Todo ello, unido a la estructura urbana de Valencia, que también canalizó el vendaval por sus avenidas y calles, se tradujo en los 95 kilómetros por hora alcanzados en la ciudad.

Ayer fue un día de resaca, de balance de daños y de reparaciones de los desperfectos causados por el viento. Iberdrola informó por la mañana de que había restablecido el suministro eléctrico en 26 municipios, interrumpido por la caída de postes. Sanidad indicó que el paciente ingresado en el hospital Clínico de Valencia por la caída de cascotes permanecía estable.

En Valencia, los bomberos atendieron el jueves 883 incidentes entre árboles, farolas, carteles y viviendas. La arboleda de la ciudad sufrió, como dijo la alcaldesa, Rita Barbera, "una verdadera poda", pues el viento dejó dañados 324 árboles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de enero de 2010