Reportaje:

Córdoba y Granada, a ciegas

Un invidente publica sus experiencias de viajes en Andalucía

Alfonso Corominas es un viajero. Nacido en Oviedo en 1953, de familia catalana y residente en Madrid, a este escritor le encanta contar sus experiencias sobre las ciudades que visita. Y su forma de contarlas es particular, porque no ha visto, no al menos con sus ojos, estas urbes. De su experiencia ha surgido Viaje a la luz. Paseo con Hitchcock por Córdoba y Granada (Alhena Media). ¿Hitchcock? "Es un personaje que hace un poco de alter ego mío. Le escogí porque es un tío al que admiro. Además, es un personaje con muchísima ironía y eso, en mi libro, está muy presente. Él saca mi diálogo interior. Lo uso para procurar no tomarme demasiado en serio y no ser demasiado solemne", explica Corominas. "Y por último, con Hitchcock, al lector le digo: 'Mira, mi alter ego va a ser un director de cine, así que ya sabes con qué clase de ciego esquizofrénico te estás enfrentando", ríe.

"Viaje a la luz es más una novela, en el sentido literario", explica Corominas. "El argumento es el del viaje de un matrimonio joven que pasa un fin de semana en Córdoba. En un momento dado, el narrador, que es ciego, recuerda su viaje a Granada", prosigue el autor. La estructura del libro transcurre desde un miércoles por la tarde, en que sale en tren Estrella (el expreso de toda la vida) desde la estación de Chamartín, a la vuelta el domingo por la tarde, en el Ave. "Un argumento sencillo y lineal. Cómodo de leer", apunta el escritor.

Informático y director de Sistemas de Cuentas de Caja Madrid, a Corominas se le notan las tablas de su profesión, sobre todo a la hora de ordenar perfectamente su discurso: "Pretendo dar los dos planos de la percepción de la realidad que tiene un ciego. Uno que es un plano realista, objetivo y narrativo del viaje, intentando expresar cómo me voy encontrando y sintiendo las cosas en el momento. Y otro plano, el rememorativo, referente de cómo construimos la memoria, a través del conocimiento y de la experiencia sensible. Lo que ocurre es que, en mi caso, es una experiencia de ciego. Mi memoria es diferente a la de las personas que ven".

¿Y cómo disfruta de la arquitectura y de los monumentos una persona ciega? "Hay dos elementos. Por un lado, disfrutamos como todo el mundo, gracias a lo que se conoce previamente, a la cultura, la curiosidad... Pero luego tienes lo que percibes en el momento. Y ahí hay dos aspectos distintos. El primero sería el 'momento postal', del conjunto, que ese sí que te lo frena un poco la ceguera. Pero el segundo aspecto es el más importante: cuando tú te integras con el ambiente", subraya. "Una persona ciega percibe la penumbra, la frescura, el calor del sol cuando le da, percibe los olores de los turistas que son variopintos y no siempre buenos. Percibe las texturas de las piedras. Por ejemplo, es muy distinta la textura del granito de la catedral cristiana que está dentro de la Mezquita, que el de las columnas. Corominas aboga por viajar de manera integral, no centrarse sólo en lo visual. "Si alguien, a través de mi libro, encontrara una nueva forma de sentir, pues ya es que me moriría de gusto", añade jocoso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 11 de enero de 2010.