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Televisión

Los problemas laborales planean sobre 'Mad men'

Hace apenas dos años, los actores de Mad men eran unos completos desconocidos. Incluso a su creador, Matt Weiner, le costó Dios y ayuda que su propio agente se leyera el piloto de esta serie ambientada en una agencia de publicidad de Madison Avenue, en Nueva York, y que ahora ya se considera de culto. Y eso que ya trabajaba como guionista en Los Soprano. Las cosas han cambiado y mucho en esta multipremiada serie dramática que aterriza esta noche (21.30) en Canal + con la tercera temporada.

"Fue el boca a boca lo que nos hizo explotar", desvela Jon Hamm con modestia, actor que interpreta al magnético y elegante Don Draper. "No hay forma de explicarlo porque no existe ninguna fórmula. Sólo le damos al espectador algo que le gusta", resume Weiner. January Jones, que interpreta a Betty Drapper, achaca a la novedad de argumentos y estética lo que ha llamado la atención de la audiencia. "¡Y cómo fuman, beben y tratan a las mujeres!", subraya. "En Mad men hacemos televisión con palabras, imágenes y silencios", explica Weiner sobre las señas de identidad que le han dado a esta serie prestigio y fama.

Hamm, por su parte, se sorprende al saber que la serie es la favorita de Paul McCartney, Jack Nicholson o Jerry Seinfeld. Pero el éxito no se les ha subido a la cabeza. "Yo puedo pasear a mi perro sin llamar la atención", dice Hamm. Y Weiner disfruta del anonimato escuchando conversaciones de café sobre su obra. "La gente se sorprende cuando digo que trabajo en Mad men. Que soy la secretaria", comenta Christina Hendricks de su despampanante personaje que tiene poco que ver con su vida real.

Los próximos episodios trasladan al espectador a comienzos de los sesenta, en un momento, como recuerda Weiner, muy similar al que el mundo vive en la actualidad, aunque con cinco décadas de diferencia. "A nadie se le escapan las similitudes, momentos de ansiedad, un presidente carismático...", añade de esos años que culminaron con el asesinato de John Kennedy.

La temporada trae nuevos accionistas a la agencia Sterling Cooper, unos inversores británicos que realizarán grandes cambios dentro de la empresa e impondrán unos métodos de trabajo poco usuales. Don se verá obligado a sobrevivir a las circunstancias laborales mientras en casa las cosas se complican con la llegada del nuevo bebé.

Mad mentambién se volverá a adentrar en la vida privada de los ambiciosos y competitivos ejecutivos de la meca de la publicidad profundizando en asuntos como la homosexualidad, el papel de la mujer dentro y fuera del trabajo, los hogares rotos, la maternidad no deseada, el racismo o la infidelidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de enero de 2010