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Entrevista:Ángel Gabilondo | LIBROS | Entrevista

"Vivimos como supervivientes"

El autor de Contigo reflexiona sobre la memoria, el olvido, la palabra, el silencio y la compañía

Metafísico, escritor, ahora ministro de Educación, Ángel Gabilondo (San Sebastián, 1949) ha escrito un libro que es un conjunto de viñetas sobre la vida, Contigo (Aguilar). He aquí lo que dice el profesor acerca del asunto de sus reflexiones.

PREGUNTA. Usted utiliza una expresión que tiene el aire de otra de Cesare Pavese: "Descansar de vivir".

RESPUESTA. Supongo que siempre hemos vivido como supervivientes, en el sentido de que sobrevivimos un poco por encima de nuestra realidad. No sé si podríamos aguantar vivir todos los días así, como que la vida nos viene grande y tenemos que olvidar y distraernos de ella. Quizá hay que ser demasiado artista para poder vivir permanentemente. De ahí no se deduce más que un amor a una vida imposible, que es la vida que uno no vive. Pero gracias a esa vida que no vive uno está todos los días vivo.

"Una palabra ama, mata también, y, desde luego, callar juntos también es muy interesante"

P. Habla mucho de memoria. Y pocas veces utiliza la palabra olvido.

R. Está olvidada. Forma parte de la memoria. No es puro recuerdo: también está hecha de olvido. Tenemos memoria porque somos capaces de olvidar, y a veces se olvida incluso el porvenir. En ocasiones vivimos como si fuéramos inmortales, como si necesitáramos olvidar lo que somos para poder sobrevivir. A mí me gusta mucho rememorar, que es celebrar, recuperar una memoria perdida; en esa rememoración viene la vida que hemos vivido, la gente que hemos querido, la gente que hemos perdido y que forma parte de nosotros.

P. Aunque el libro busca el sosiego, se cuela ahí la ansiedad.

R. Un fastidio. Me gusta algo que dice Nietzsche: "El fastidio es un estado de ánimo que obedece a unas causas, eliminadas las cuales no se elimina el fastidio". De chaval creía que este fastidio era coyuntural, adolescente, pero he tenido que vivir siempre -y supongo que nos pasa a todos- con una incomodidad constitutiva, algo que nos falta, que no acabamos de tener; hacerse mayor es reconocer que tienes que vivir siempre con eso.

P. Hay un momento en que usted habla del frío; y ahí se advierte que está como en un momento de melancolía.

R. Es una cosa muy física. Cuando hablo de ese frío hablo también de la calle, de los cartones con los que uno se cubre, de la comida que a uno le traen..., y hace frío, a veces mucho frío. Mucho frío en el alma de uno, en la vida, y por eso también este libro es una convocatoria a compartir banco con otro en la intemperie.

P. Incluso cama.

R. Incluso cama, sí. Es muy necesario sentir el calor de alguien, la proximidad, la cercanía...

P. Pero la vida, dice usted, es buscar "un sereno silencio".

R. Las palabras abrigan mucho, a veces una palabrita cerca... Una palabra ama, mata también, y, desde luego, callar juntos también es muy interesante. Encontrar a alguien con quien callar, con quien compartir un silencio, es asimismo muy agradable. Me gusta la gente que habla mucho, pero no me gustan los charlatanes.

P. ¿Y el silencio qué dice?

R. El silencio es también una forma de escuchar. Creo que tenemos una enfermedad muy grave en el oído; no sólo no nos escuchamos unos a otros sino que no escuchamos lo que ocurre. Creo que el silencio nos dice absolutamente todo. No es sólo callar. No es lo mismo callar que silenciar. Silenciar no es sólo callar; es mucho más, es escuchar de otra manera.

P. Es un libro de compañía,

Contigo;

una búsqueda apasionada de la compañía.

R. Buscamos a alguien. Asumir esto me parece muy digno y muy noble. No creo en la autosuficiencia ni pienso que uno se autoayuda sin más. Creo que hacen falta las palabras de otro. Este contigo es todos también. Por eso digo que no es un libro autobiográfico. Tiene que ver con lo común, con lo que nos pasa a todos.

P. Habla de una herida, el secreto, lo que no se dice.

R. Incluso después de habérnoslo dicho todo hay algo que queda sin decir. Incluso después de haber vivido una vida entera con alguien te da la sensación de que hay algo que no has vivido. Asumirlo es bastante duro porque quien no lo hace culpa al otro. Echamos siempre la culpa al otro de eso que nos falta. Esa soledad que sentimos, esa incomunicación que hay, muchas veces no es culpa del otro.

P. Esta frase llama la atención: "Si alguien viniera a hablarme bien de alguien, al menos una vez al día, no sólo le daría la bienvenida sino que le daría un abrazo, lo glorificaría".

R. Incluso digo que es muy terapéutico, que estiliza la existencia, que lo que hay que hacer es hablar todos los días de alguien. Algunos me han dicho: "¡Es dificilísimo!". Es la idea también de comprender al otro. Y es muy oxigenante.

Contigo. Ángel Gabilondo. Aguilar. Madrid, 2009. 200 páginas. 16 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de diciembre de 2009