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COLUMNA

O país o provincias para todos

El Tribunal Constitucional lo forman 12 miembros, pero este tribunal en concreto que juzga el estatuto catalán a petición del PP es de 10, uno falleció y otro fue impugnado por la derecha al atribuirle una idea de España distinta a la suya. De los diez restantes, a cuatro ya les ha vencido el plazo reglamentario. Ese tribunal manco, cojo y ciego va a emitir un fallo y si la respuesta es que es inconstitucional, probablemente se derivará otra cosa: una crisis política e institucional de España. Cataluña prácticamente planteará la reforma de la Constitución. Ésa es la responsabilidad del PP que presentó el recurso ante este tribunal y que nos pone a todos en un serio dilema.

El fallo del Constitucional será una interpretación de un texto político; será, pues, político. Precisamente por eso intervienen los partidos y los agentes de la sociedad catalana. El editorial de toda la prensa catalana, La Dignidad de Catalunya, al que se sumaron las sociedades y entidades, tiene un carácter histórico: es una entidad política, un país que se moviliza por su existencia nacional. Habrá quien inmediatamente echará mano de los instrumentos del repertorio españolista, que si "la burguesía catalana"... (bien antipática, como todas, pero parece que la madrileña por lo visto no exista o sea pistonuda, en cambio); otros sentiremos envidia de una sociedad tan orgullosa y con tal conciencia cívica. Esto es para los catalanes algo semejante a lo que fue para los gallegos A Aldraxe en el año 1977, el próximo día 4 se cumplirán 32 años de una de las mayores movilizaciones políticas de nuestra historia.

Parece que no somos capaces de existir como nacionalidad, aunque sí para reaccionar y resistir

Los localistas en A Coruña y Vigo celebran sus liturgias alrededor del fuego sagrado local

El texto que convocó las manifestaciones decía: "Chamamento a todos os galegos: Estamos a vivir días importantes para o futuro do noso país. Importantes, pois logo de tantos anos de silencio e opresión a nosa voz pode e debe ser escoitada. O centralismo (...) débese tronzar para sempre. (...) E a autonomía é hoxe o único camiño para iniciar a recuperación dos nosos dereitos como pobo diferenciado, e a posibilidade de que sexamos nós quen poñamos soluciós aos nosos problemas. A autonomía, que debemos considerar como o recoñecemento dun dereito conquistado polo pobo galego no ano 1936 e que nunca puido exercer. (...)Acudide todos e que o 4 de Nadal non haxa nin un balcón nin unha fiestra sen a bandeira da Terra. Esa bandeira azul e branca que xuntamente coa nosa lingua aínda non nos queren recoñecer os que nos mandan. ¡Galegos, a nosa Terra é nosa! ¡Viva Galicia!" (UCD, PSOE, PCG, POG, PSG, MCG, PTE)

Hoy, con esta Xunta dedicada a recortar nuestra identidad colectiva, cuesta creer que todas las fuerzas políticas y ciudadanas de entonces, exceptuada AP y BN-PG, suscribiesen ese manifiesto galleguista. Que prácticamente toda la prensa de todas las ciudades gallegas publicase tal llamamiento (con la hostilidad de la prensa madrileña, recordamos) y, sobre todo, que la población se movilizase en tal número.

También al comienzo de diciembre, el día 1, es el aniversario de la otra gran movilización ciudadana, la de Nunca Máis, que revalidó la dignidad colectiva, nacional. Parece que el frío de diciembre estimula nuestro orgullo. En ambos casos fueron respuestas defensivas ante un ataque hacia los gallegos como país, parece que no somos capaces de existir como nacionalidad, aunque sí para reaccionar a la defensiva y resistir. Pero el paisaje que tenemos estos días es, con la perspectiva histórica de país, el más triste en mucho tiempo. Como fracasados celtas en sus castros, los localistas en A Coruña y Vigo celebran sus liturgias alrededor del fuego sagrado local, encienden sus queimadas y cantan sus gritos tribales. Unos reclaman una "L" y una caja para ellos, los otros anuncian que resistirán o que romperán la caja antes de que caiga en poder del castro enemigo. Sus universidades, sus aeropuertos, sus bolsillos... Orgías localistas.

No compartimos ni el modelo social ni la actitud hacia Galicia de Núñez Feijóo, pero si, por los motivos que sean, pretende racionalizar esta finca de castros estérilmente enfrentados y sacar adelante una caja de ahorros gallega deberemos apoyar el intento. Si no, mejor acabar con esta autonomía que nos costó ganar, pero entonces se acabó lo de las cuatro provincias decimonónicas: más racionales eran las siete provincias históricas del Reino. "Eles" para todos, universidades y caixas para todos. Y provincias para todos. Siete.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de noviembre de 2009