Necrológica:'IN MEMÓRIAM'Perfil
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Hans Matthöfer, un socialdemócrata ejemplar

El 15 domingo de noviembre falleció, a los 84 años, Hans Matthöfer. Lo comunicaba el recién elegido presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), Sigmar Gabriel, justo al finalizar un congreso que ha intentado recuperar la socialdemocracia que él encarnó de manera ejemplar.

Nacido en Bochum, hijo de un obrero que trabajaba en una acerería, aunque en la gran crisis de los años treinta con largos periodos de desempleo que marcaron su niñez, así nos lo cuenta en los recuerdos de los años juveniles que publicó en 2006. Estudió Económicas, superando las pruebas de acceso a la Universidad para mayores de 25 años. Siguiendo los pasos del padre, desde muy joven se afilia al SPD y al sindicato del metal, donde empieza a trabajar al terminar la carrera, llegando a secretario de educación de IG Metall. En 1961 es elegido diputado, escaño que conserva hasta 1987. Willy Brandt lo hace secretario de Estado y Helmut Schmidt en 1974 ministro de Investigación y Tecnología. Al año, la oposición conservadora pide su dimisión por haber llamado al Gobierno de Pinochet una "banda de criminales". En 1978 es nombrado ministro de Hacienda, cargo que ocupa hasta 1982. En estos años de rápido aumento del desempleo, convencido de que el crecimiento a largo plazo exige unas finanzas equilibradas, en la línea del canciller Schmidt, se niega a apuntalar el Estado de bienestar incrementando la deuda pública. Esto produjo una ruptura con los sindicatos que ha tenido consecuencias funestas para el movimiento obrero.

Dos políticas esenciales

Matthöfer pensaba que la política socialdemócrata no debe oponerse a la razón económica, sino centrarse en dos puntos en los que ha insistido a lo largo de su vida: humanización del trabajo y consolidación, en la medida de lo posible incluso ampliación de la cogestión. Una política de empleo necesita de la presencia obrera en los consejos de administración que canalicen las inversiones hacia el empleo, pero también de una política razonable de equilibrio presupuestario.

Los españoles tenemos que estarle especialmente agradecidos. Su labor en el sindicato y sus primeros años de diputado coincidieron con la llegada masiva de inmigrantes españoles. Destacó por su afán de organizar a los españoles con el fin de educarlos a participar en sindicatos libres y en partidos democráticos de clase, a la vez que ayudó cuanto pudo a la oposición democrática que empezaba a emerger en el interior, hasta el punto de que en su grupo parlamentario se le conocía como "el diputado por Barcelona".

Hoy me domina un recuerdo. El del ministro de Hacienda esperando en el andén de la estación de Francfort. Ante mi extrañeza de encontrarlo entre la gente, me aclara que para llegar a Bonn el tren era mucho más práctico que el coche oficial. Desde entonces no he podido fiarme del político que cambia de vida cuando llega a ministro. Y una sensación de culpa. Solía mandarme sus libros; hace unos meses recibí una biografía suya que coloqué en el montón de los que esperan lectura. Hoy al abrirlo descubro que estaba dedicado por él, y se ha muerto sin que yo diera señales de vida. Me duele en especial porque en estos últimos 20 años ya había sufrido lo olvidadizos y hasta desagradecidos que podemos ser los españoles.

Sotelo es catedrático de Sociología en excedencia.

IGNACIO SOTELO

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 17 de noviembre de 2009.