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Reportaje:

Fotógrafos malditos

Foto Colectania recupera a Cristóbal Hara y Rafael Sanz Lobato

Pertenecen a generaciones distintas y desarrollaron sus trayectorias en ámbitos geográficos, sociales y culturales muy diversos, pero ambos sucumbieron a la misma fascinación por una España rural y atávica, desvinculada del tiempo, cuyos ritos y tradiciones inmortalizaron con sus objetivos. Las obras de Cristóbal Hara (Madrid, 1946) y Rafael Sanz Lobato (Sevilla, 1932) ya forman parte de la historia de la fotografía española y, sin embargo, el gran público apenas las conoce. La Fundación Foto Colectania intenta remediar esa laguna con la exposición Trabajos de campo, organizada en colaboración con el Centro Andaluz de Fotografía, que, tras su estreno en Barcelona, la llevará a Almería y Sevilla.

La exposición, abierta al público hasta el 16 de enero de 2010, no tiene carácter antológico ni retrospectivo, sino que ilustra las coincidencias y disonancias en las fotografías de ambos autores a través de dos series representativas de sus trayectorias: Lances de aldea (1985-1989), de Hara, y Bercianos de Aliste (1970-1971), de Sanz Lobato.

El hecho de retratar los mismos sujetos y lugares contribuye a subrayar las diferencias de enfoque, tanto formal como conceptual, entre "estos dos malditos", tal como les define el director de Colectania, Pepe Font de Mora. Hara, que se crió entre España, Filipinas, Gran Bretaña y Alemania, mantiene siempre cierta frialdad hacia unas imágenes que a menudo extrapola de su contexto para construir narraciones alternativas y personales. En cambio, Sanz Lobato, erudito autodidacta y precoz coleccionista de libros de fotografía, demuestra una actitud más intimista y empática, que le empuja a fundirse con el sujeto retratado. Los rituales paganos y religiosos, procesiones, desfiles, ferias, funerales y el mundo taurino son los trabajos de campo a los que alude el título. Sanz Lobato los inmortaliza con los perfiles nítidos del blanco y negro, mientras que Hara, abanderado de la renovación del documentalismo, abraza el color, cuando aún estaba vetado en el ámbito artístico y sólo se utilizaba para trabajos comerciales.

"Más allá de la diferencia de enfoque, tanto Sanz Lobato como Hara han convivido con la circunstancia de ir a contracorriente, sin dudar a la hora de enfrentarse a un tema tan poco glamouroso como nuestras raíces rurales e imponiéndose a sí mismos una renovación en la forma de mirar el mundo, con la voluntad de encontrar un lenguaje propio con el que expresarse", indica Font de Mora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de noviembre de 2009