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Reportaje:Crisis en el Madrid

Secuencia de un naufragio

El Madrid transmitió impotencia y caos dentro y fuera del campo

La cara de resignación de Pellegrini, el desquite de Guti, las broncas de Mahamadou Diarra y la sensación de impotencia que transmitía el banquillo fueron sólo algunas de las imágenes de la noche negra que el Madrid vivió en Alcorcón y que empezó 26 horas antes del partido con la concentración del equipo.

- Veintiséis horas concentrados. Hay algo sobre lo que Manuel Pellegrini sí ha sabido mantener el pulso: las concentraciones. Por mucho que los cuatro capitanes le pidieran que valorara su decisión según qué partido, el chileno dijo que no. Que las normas son normas. En Liga, concentraciones, en Champions, también y el lunes llegó hasta el extremo de citar a los jugadores en el Hotel Mirasierra Suites 26 horas antes del encuentro de dieciseisavos de Copa contra el Alcorcón, algo que no sentó nada bien en el vestuario. "Lo hice para frenar el exceso de confianza, pero aun así veo que los rivales nos superaron en todo", comentó al final del partido.

- Pellegrini y las manos en los bolsillos. Pellegrini cree en la responsabilidad de los jugadores. No es un hombre de broncas. El único momento en el que expresó su estado de ánimo fue en la pequeña sala de prensa del estadio después del partido a la que, rodeado por unos 30 micrófonos, entró con expresión desolada. Por lo demás, se pasó el partido con las manos en los bolsillos. No es extraño, por lo tanto, que su primera frase ante los medios fuera: "No tengo ni razón ni explicación al rendimiento del equipo. Trabajamos bien y luego las cosas no salen". En el club defienden su forma de ser: "No hay que fijarse en las apariencias, Manuel es un hombre analítico y sabe perfectamente lo que pasa, nos transmite todo lo que ve". En el club también tiene sus detractores. "Le falta algo de autoridad, liderazgo y emoción", dice un directivo.

- El choque Guti-Diarra. El equipo vive en el caos. A los quince minutos de partido, en un balón suelto en el centro del campo, Guti y Diarra chocan al intentar despejarlo. El 14 empieza a mover la cabeza contrariado mientras que el de Malí empieza a pegarle gritos y decirle que esa parte del campo le pertenece. "¡Aquí estoy yo!".

- Un banquillo cabizbajo. Hay imágenes que reflejan el estado del equipo. Pellegrini, Chendo, Rubén Cousillas (el segundo del chileno), Marcelo, Adán, Gago observaban (a los diez minutos de partido), a sus compañeros mirando la hierba pisada.

- ¿Qué es esto? La impotencia del que fue víctima el equipo la resumió Guti, que a medida que pasaban los minutos perdía protagonismo en el centro del campo. Después del tercer gol. Alargó los brazos, miró a su alrededor y gritó: ¿Qué es esto?

- El desquite y la 'peineta'. Guti escenificó en Alcorcón la ruptura entre el vestuario y el entrenador. En el momento de mayor debilidad del entrenador, Guti, que es el segundo capitán, le dio la espalda ante todo el mundo. "Estaba muy alterado y lo quité para que no nos dejara con 10", contó Pellegrini. El centrocampista del Madrid acabó desquiciado. En el minuto 42 vio la amarilla por una fea entrada sobre Borja. Buscó un rival con el que encararse, se quitó la cinta del pelo y la tiró al suelo. Abandonó el vestuario tras discutir con Pellegrini y salió al campo, ante la perplejidad de la grada. Tras sentarse en el banquillo, tirar besos con la mano y hacer una peineta a los aficionados, Chendo salió a buscarle y a convencerle para que volviera a entrar. En el club restan importancia al incidente. Pero Guti, para muchos, ha perdido crédito.

- La pasividad de la defensa. Cuando Dudek, en el minuto 52, despeja un disparo de Ernesto desde la derecha, el balón cae en el área sin que ningún defensa del Madrid sea capaz de despejarlo. Ni siquiera amagan con ir a por la pelota. Metzelder mira al cielo. Gago parece inhibido, asustado ante el bote de la pelota. Diarra está a tres metros de la jugada. Como si fuesen tres kilómetros. Borja coge el rechace y supera a Dudek por cuarta vez.

- Valdano y Raúl piden perdón. "Pedimos perdón a la afición", dijeron el director general y el capitán del Madrid. Pero, mientras que el primero pidió unidad y aseguró que no era el momento de hacer reproches a la plantilla, el segundo buscó las claves de la derrota dentro de la propia plantilla. "Está claro que nos han dado una lección de humildad. Hemos perdido porque nos hemos enfrentado a un equipo con ganas e ilusión".

- Valdano interior y Valdano exterior. "Manejamos dos discursos", dijo el director general tras el partido, rodeado de micrófonos. "Uno hacia el exterior y otro que forma parte de la intimidad del vestuario y del club". Algunos le preguntaron cuál de los dos era el verdadero.

- Drenthe y la solución en los pies. Drenthe habló de vergüenza general y, como si llevara una década en Chamartín, del significado que tiene el club. "Sabemos que somos un gran club, pero hay que demostrarlo con los pies, no con la boca", comentó. Van der Vaart lo había abandonado en la banda, dejándole solo contra los atacantes del Alcorcón.

- El autocar arrastra un cable de la luz. Ningún jugador del Madrid, una vez subido al autocar, fue capaz de mirar por la ventanilla. Una vez más todos estaban cabizbajos. Benzema, acompañado de sus inseparables cascos, buscaba refugio en el móvil. Al abandonar el estadio, el autocar se llevó por delante uno de los cables de la iluminación. Saltaron chispas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de octubre de 2009