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'Yo, también', el papel de la vida de Lola Dueñas

Tiene un brillo especial en los ojos. Será porque se siente feliz. A la actriz Lola Dueñas (Barcelona, 1971) también se la presiente peleona. Como su papel de Laura en la película Yo, también, de los directores Álvaro Pastor y Antonio Naharro, que se estrena hoy. Una historia poco habitual, de un chico de 34 años con síndrome de Down (Pablo Pineda) y carrera universitaria. Él se enamora de una compañera de trabajo (Dueñas). Ella corresponde con su afecto hasta donde puede.

La película ha recorrido un largo camino de cinco años de parones y de vueltas a empezar. "Nadie quería producirla, salvo Julio Medem y Koldo Zuaza. Nadie daba un duro por ella, porque lo que querían era sacar dinero y el síndrome de Down no les gustaba. Ni siquiera TVE. Y eso suponía que no rodábamos. Y ahora, después de vista, todos la quieren comprar", cuenta Dueñas mientras fuma pausadamente tabaco de liar. Recuerda incluso alguna ocasión en que le dijeron: "La película se ha caído", y sucumbía a una tristeza infinita que aliviaba con unas copas. Pero siempre amanecía con fuerza porque interpretar a esa mujer solitaria, dura y sobrada de afecto reprimido era algo que deseaba tanto... "Y el deseo es muy potente", dice como pensando en alto.

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Su trabajo en esta película ha sido "único" en lo personal y en lo profesional. Y eso que lleva una carrera cuajada: por su trabajo en Mensaka obtuvo el premio a la mejor actriz revelación de la Unión de Actores. Su primera gran oportunidad le llegó de Almodóvar (Hable con ella), con quien repitió en Volver (premio a la mejor actriz, junto al resto del reparto, en Cannes) y Los abrazos rotos. Y Mar adentro (2004) donde se vació. Con ella obtuvo el Goya a la mejor actriz protagonista.

Por Yo, también recibió la Concha de Plata en San Sebastián, y Pineda obtuvo el del mejor actor. Cuando dice que Yo, también es especial, no se refiere sólo al premio. "Es el papel protagonista más gordo que me han dado en mi vida, es evidente. Luego, por estar con Pablo y con estos directores, que tienen una forma de trabajar especial, dirigen desde la generosidad, cuidando a los actores, a todo el equipo. Son buena gente y con talento, dos cualidades que van relacionadas".

Y a sus 38 años, precisa: "Cuánto mayor me hago más lo pienso y voy más allá. Con mala gente no quiero trabajar. Y Álvaro y Antonio se merecen rodar todo lo que quieran. Son los directores con los que más me he compenetrado". Pero inmediatamente añade que tiene otros favoritos: "Almodóvar, con quien tengo un rollo muy especial, y Ramón Salazar, muy amigo mío".

Resulta inevitable preguntar dónde sitúa a Javier Rebollo (con quién rodó varios cortos y Lo que sé de Lola). En el diario de rodaje de ese filme, la actriz no sale bien parada. "Es el pasado, no quiero saber nada. Ni siquiera le he visto. Cuando me lo contaron pensé que era de locos. Jamás haría eso con nadie, es injusto y triste. He trabajado gratis siempre para él y ni siquiera me mandó un ramo de flores. Quien no tiene buenos sentimientos no puede repartir. Nunca voy a decir nada malo de él. La vida es muy bonita y lo que te quita por un lado, te lo da por otro. Y hoy es un día para la alegría".

Así que opta por incidir en lo que le ha enseñado esta película: "Que las evidencias no son la realidad. Lo aparente es que Laura sea la 'normal'. Porque ¿quién es normal y quién discapacitado? La más incapacitada es Laura, no Daniel. Y admiro tanto a Pablo, es muy tranquilo, sabe vivir. Esta película tiene el valor de dar voz a quien no la tiene".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de octubre de 2009