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Aldeas de Curtis, aisladas por el tren

El cierre de pasos sobre las vías deja sin alternativas a varias aldeas

Aislados por culpa del tren. Así llevan casi cuatro meses, y sin visos de mejora alguna, los vecinos de varias aldeas o lugares de Curtis después del cierre, por sorpresa y al atardecer, de tres pasos sobre la vía ferroviaria que atraviesa de una punta a otra este municipio coruñés. Está considerado un centro neurálgico de comunicaciones por su cercanía con la autovía, su equidistancia de A Coruña, Lugo y Santiago (está a 50 kilómetros de las tres ciudades) y tener en sus entrañas la línea de ferrocarril A Coruña-Palencia. Estas zonas de tránsito sobre las traviesas de la vía eran peligrosas. Hubo varios accidentes "pero nunca con muertos" cuentan en la aldea de A Pena. El ayuntamiento llevaba una década reclamando la supresión "con una alternativa viable".

Los mayores tienen problemas para usar los nuevos pasos

Pero el cierre en junio, sin previo aviso, y su sustitución por dos ramales obliga a los residentes a hacer rodeos de hasta dos kilómetros para recorrer una distancia que antes, al cruzar la vía del tren, era sólo de cien metros. Y obliga a desplazar por el centro urbano de Curtis pesada maquinaria agrícola y el ganado.

En esta localidad, cuyos 4.300 habitantes viven repartidos en más de 140 núcleos de población (dos de ellos urbanos, como son Curtis y Teixeiro), los trastornos se multiplican por el cierre del paso que unía los lugares de A Pena y Fieital. También por la clausura de los instaurados hace décadas a apenas 200 metros de la estación del pueblo, el de la calle Paio Rodríguez y el que conectaba Aldea Vella (también conocido como lugar de Bodeus) con el casco urbano.

Un anciano de Paio Rodríguez acaba de vender sus vacas porque ya no puede llevarlas a pastar del otro lado de la vía ferroviaria. A punto de tirar la toalla y echar el cierre a su explotación de leche de A Pena también está José Manuel González. "Me llevan a la ruina", dice. Necesita comprar hierba seca por no poder trasladar a diario a su medio centenar de vacas hasta las fincas de pastoreo que, gracias a un plan europeo de ayudas, adquirió "arriba de la vía", en Fieital.

La hija de su vecina, de nueve años, también sufre la supresión del paso a nivel, anulado a ambos lados de la vía por un amasijo de escombros y piedras aunque sin valla alguna. Tiene ahora que recorrer tres kilómetros para llegar a la parada del bus que el pasado curso tenía a menos de 800 metros de su casa, en línea recta, tras cruzar la vía del ferrocarril. Hace unos años iba con su madre cuando un tren estuvo a punto de llevarlas por delante. Pero, en A Pena y Fieital, ahora incomunicados, consideran que la solución tampoco es la que, por sorpresa, les impuso Adif.

En otro punto del municipio, para los vecinos de la docena de casas de Aldea Vella, donde la media de edad supera los 70 años, ir al supermercado en el centro de Curtis también se ha convertido en una pesadilla. "Son ellos, los políticos, los que deberían dar una vuelta de un kilómetro cargados con las bolsas de la compra, pero hacen lo que quieren y nunca miran por los mayores", se indigna Eloy.

Las alternativas, consistentes en pasos elevados con pronunciadas subidas y bajadas, son imposibles de practicar para los mayores. El ganado tampoco quiere utilizar el ramal alternativo. "Las vacas tienen miedo de subir por ahí", explican los vecinos en Aldea Vella. "Todo esto es una salvajada", corrobora Rosa, de A Pena. Vive a 50 metros de sus vecinos, dos octogenarios que se quedaron aislados por la vía en la que José Manuel González llevaba sus vacas. Ahora necesita la ayuda de los vecinos para llevar agrupados a los animales. "Esto no hay quien lo aguante, voy que tener que cerrar y vender".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de octubre de 2009