Entrevista:DESAYUNO CON... CHRIS BRYANT

"Fui a Suramérica conservador y volví laborista"

"Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente". Taza de té en la mano, Chris Bryant recuerda los versos de la canción de León Gieco que los demócratas chilenos cantaban en el entierro de dos compañeros cuando la policía de Pinochet irrumpió y dispersó a golpe de gases lacrimógenos la reunión. Eran los ochenta, en Londres mandaban los tories y Bryant era un seminarista anglicano. El joven religioso -hoy secretario de Estado del Reino Unido para Latinoamérica- recogió del suelo una de las latas de los lacrimógenos: era británica.

"Cuando volví al Reino Unido escribí a Chris Patten, ministro del Gobierno conservador. No me contestó. Escribí a los liberales y me dijeron que tenía que escribir a Patten. Escribí a un miembro del gabinete en la sombra laborista. Me contestó. Fui al Parlamento. Él hizo preguntas parlamentarias y al final cambiamos la ley", cuenta Bryant, en la luminosa sala de la residencia de la embajadora británica en Madrid en la que nos han servido el desayuno.

Un viaje cuando era seminarista cambió la vida al secretario de Estado británico

"Mis padres son muy conservadores. En el colegio privado en el que estudié, todos eran conservadores. Fui a Latinoamérica conservador. Volví laborista", relata Bryant, que tiene 47 años y habla un castellano impecable.

La trayectoria vital de este político galés parece un monumento a la idea de que en la vida, más que la corriente, es importante seguir los instintos. Bryant estudió literatura en Oxford. En lugar de emplearse en uno de los interesantes oficios que semejante currículo le hubiese garantizado, se hizo seminarista. Y antes de hacerse cura, decidió viajar a Latinoamérica, donde todo cambió.

"Estuve tres meses en Perú, y luego seis en Buenos Aires. Me causó impresión la desigualdad que azota esa región y la violencia que aflige las grandes urbes. Dicen en Perú que tienen 365 variedades de patata, una para cada día del año. Pero la mayoría no tiene bastante para comer. Esos nueve meses me cambiaron". Dejó la religión por la política, conquistó un escaño como diputado laborista y ascendió hasta la Secretaría de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico que ostenta en la actualidad sin renunciar a su tarjeta de miembro de Amnistía Internacional.

"No hay nada de contradictorio entre ser político y miembro de Amnesty", observa. Niega haber vivido momentos de incomodidad, incluso cuando su interlocutor hace referencia a la guerra de Irak, apoyada por su partido y justificada en gran medida sobre la base de arsenales de armas de destrucción masiva que no existían.

Bryant conversa con tono notablemente franco y abierto a lo largo del desayuno tanto sobre temas personales como políticos, pero recae en un lenguaje diplomático cuando se habla de los asuntos más delicados de su más estricta competencia, desde la crisis hondureña hasta las intemperancias bolivarianas o las maniobras políticas en Colombia.

-¿Sería positivo o negativo para la democracia en Latinoamérica que el presidente colombiano, Álvaro Uribe, optara a un tercer mandato?

-Neutro. No me molesta, si es lo que el pueblo quiere.

"La política endurece a los hombres", lamenta Bryant, antes de despedirse. Él parece sinceramente intentar resistirse, en este caso también, a la corriente.

Bryant lamenta que la política endurezca tanto a los hombres.
Bryant lamenta que la política endurezca tanto a los hombres.ÁLVARO GARCÍA

Residencia de la embajadora británica

- Fruta.

- Cruasanes.

- Zumo de naranja.

- Café y té.

Cortesía de la Embajada.

Sobre la firma

Andrea Rizzi

Corresponsal de asuntos globales de EL PAÍS y autor de una columna dedicada a cuestiones europeas que se publica los sábados. Anteriormente fue redactor jefe de Internacional y subdirector de Opinión del diario. Es licenciado en Derecho (La Sapienza, Roma) máster en Periodismo (UAM/EL PAÍS, Madrid) y en Derecho de la UE (IEE/ULB, Bruselas).

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