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Análisis:ANÁLISIS

Reality show

La moción de censura que el martes cambiará el signo de la alcaldía de Benidorm es un error político. Lo es porque, al contar con el concurso de un tránsfuga, va contra la esencia misma de la democracia al subvertir la voluntad popular que surgió de las urnas en las anteriores elecciones democráticas. Lo es porque la supuesta "hoja de ruta" que anunciara la secretaria provincial de los socialistas de Alicante, Ana Barceló, ha sido un cúmulo de despropósitos. Y lo es porque el daño que ha sufrido el PSOE resulta considerable. No deja de ser paradójico que todas las maniobras urdidas por los promotores de la moción para preservar la figura de Leire Pajín -singularmente la baja de militancia en el partido de los concejales- lejos de reforzar la figura de la secretaria de Organización del PSOE la haya debilitado. Otras consecuencias, y no menores, han sido dejar a los pies de los caballos al secretario general del PSPV, Jorge Alarte, ampliar la brecha entre Alicante y Valencia y deteriorar aún más la imagen de los socialistas valencianos. Claro que, como ha explicado hasta la saciedad el futuro alcalde, Agustín Navarro, Benidorm está por encima de cualquier sigla partidista. ¡Y tanto!

Antología del disparate (y del cinismo). El PP no sólo perderá la alcaldía de Benidorm el próximo martes. Por el camino ha perdido mucho del sentido común. Desde Mariano Rajoy a Ricardo Costa, pasando por Esteban González Pons, no ha habido dirigente popular que no haya dicho auténticos disparates, cuando no directamente mentiras. Los argumentos que han utilizado para diferenciar el caso de Benidorm de los de Dénia, La Vila Joiosa o La Vall de Laguar han sido de aurora boreal. Costa llegó a decir de unas declaraciones del vicesecretario general del PSOE, José Blanco, que eran "la lapidación del pacto antitransfuguismo". Rajoy y Pons reclamaron que Zapatero -él y no otro- se comprometiera a que los tránsfugas benidormenses no figurarían en las listas del PSOE en las elecciones de 2011, mientras el PP mantiene con singular desparpajo y rostro marmóreo a todos los ediles que se han beneficiado de las mociones de censura, cubriéndoles de agasajos y subvenciones. Todo el PP se ha aplicado a expandir tinta de calamar para no tener que explicar la doble moral que practican. No les ha importado actuar como unos cínicos y unos mentirosos si así les convenía.

- 'Reality show'. Cada vez es más evidente que el PP entiende la política como un reality show pensado exclusivamente para las cámaras de la televisión que ellos disfrutan en régimen de monopolio y que pagamos entre todos. La última comisión celebrada en las Cortes Valencianas fue un buen ejemplo. El PP aprobó que se convocase a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y al Fiscal General, Cándido Conde Pumpido, para que explicasen en el Parlamento autonómico la "persecución" a la que someten al PP. Los populares sabían que su petición estaba fuera de toda lógica, amén de ser inviable; pero ello no les impidió convertir las Cortes Valencianas en un plató de televisión, en el que los políticos quedaban reducidos al papel de actores que representaban un papel destinado a los espectadores. El hecho de que exageraran o, incluso, mintieran les importaba bien poco. Ellos se limitaban a declamar un guión escrito por otro. En tanto que personajes, no tenían conciencia de su impostura. Eso sí, el éxito de la función entre los seguidores del PP estaba asegurado de sobra. Pero no por ello deja de ser una falsedad. La realidad es otra, el panorama cambiante y el futuro incierto. Y entre los populares hay algunos, pocos, que lo saben.

- El niño malcriado. De un tiempo a esta parte no son pocos los dirigentes del PP que se comportan como el niño rico malcriado al que, cuando le dan una patada en el partido de fútbol, se lleva la pelota para que nadie más juegue. Las exigencias para que la oposición cambie a sus portavoces (Ángel Luna, Mònica Oltra) porque no les gusta lo que dicen ni cómo lo dicen son propias de niños pijos malcriados que se creen que las instituciones son suyas y que si no se juega como ellos quieren se las llevan. Recuérdese que nada hay más arbitrario, dictatorial y tiranozuelo que un niño malcriado.

- Alicante vs Valencia (y viceversa). La moción de censura de Benidorm ha vuelto a demostrar cómo algunos políticos son incapaces de construir su propia personalidad si no es en función del otro. La dirección provincial del PSPV alicantino se ha empeñado en asentar su autoridad plantándole cara a la dirección regional que comanda Alarte. Así se construyen los nacionalismos, los provincianismos y los localismos. Nada nuevo. Valencia durante muchos años construyó su identidad contra Barcelona y aún está por ver qué beneficios sacó de tamaña insensatez. Dicho esto, en todo este proceso también ha quedado clara la escasa sensibilidad de Blanquerías, sede de la dirección del PSPV, respecto de Alicante. Especialmente torpe ha sido la actuación de algún asesor con vocación de Robespierre que, lejos de parecerse a éste, ha actuado como si fuera la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas.

- Epílogo. Comentario recogido en el ELPAIS.com a cuenta de las declaraciones de Rajoy diferenciando Benidorm de Dénia: "Le sobra la razón a don Mariano Rajoy, digan lo que digan: Ni son los mismos casos, ni (esto es lo más importante) PSOE y PP se comportan igual ante ellos. Para nada. ¿Qué representa el PSOE en estos casos? Está claro, la incertidumbre, la confusión, el desconcierto. Ni ellos saben lo que van a hacer. ¿Y el PP en casos similares? Solidez, certeza, seguridad, hablamos de un partido serio. Se sabe perfectamente qué van a hacer: Nada. Aprovecharse del asunto y a vivir, que son dos días, señor Zaplana (o señora Aguirre, o...)". Quítenle la sorna y estarán ante un diagnóstico muy preciso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de septiembre de 2009