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El ministro de Gibraltar presiona a Londres para que le apoye

El ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, cuya salida de tono de los últimos días amenaza con frustrar la histórica visita del ministro Miguel Ángel Moratinos al Peñón, prevista para el próximo martes, demostró ayer que no sólo tiene desavenencias con España sino también, y principalmente, con Reino Unido.

En declaraciones al diario local Gibraltar Chronicle, Caruana emplazó a Londres a que, antes del 15 de agosto, se adhiera a la demanda que su Gobierno ha presentado contra la Comisión Europea por inscribir, a propuesta de España y a efectos de protección ambiental, una zona marítima que engloba las supuestas aguas territoriales del Peñón. Si no lo hace, advierte Caruana, Londres estará cediendo la soberanía de estas aguas a España. "Ésta no es una responsabilidad que Reino Unido pueda eludir", agrega. "La Constitución [gibralteraña] impone deberes a Reino Unido, no sólo derechos".

El emplazamiento de Caruana muestra su nerviosismo ante la falta de respaldo de Londres a su cruzada contra el Lugar de Interés Comunitario (LIC) propuesto por España en torno a Gibraltar. Difícilmente, estiman fuentes diplomáticas, creerá la UE que España usurpa la soberanía de esas aguas si el supuesto titular de la misma (en todo caso Reino Unido, pero nunca Gibraltar) no lo ve así.

Supuestos controles

Caruana justificó su llamamiento a los dueños de embarcaciones para que desobedezcan a la Guardia Civil asegurando que el domingo se produjeron dos incidentes en los que agentes españoles pidieron la documentación a pesqueros gibraltareños a pocos metros de la Roca. "Fue un intento de ejercer jurisdicción en aguas en las que España no la ha tenido nunca", asegura.

Fuentes próximas a la Guardia Civil niegan que se hicieran tales controles y sostienen que se ha sido cuidadoso para evitar cualquier incidente en vísperas de la cita que Moratinos, su homólogo británico, David Miliband, y el propio Caruana tenían el martes en Gibraltar. Exteriores no quiere tirar la toalla hasta el final, pero fuentes diplomáticas españolas se mostraban ayer pesimistas sobre la celebración del encuentro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de julio de 2009