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Entrevista:TELEVISIÓN

"No me gustan las series con pinta barata"

El creador de Sexo en Nueva York, Sensación de vivir o Melrose Place asegura que, a sus 40 años, ya no tiene ni idea de cómo son los adolescentes de hoy día.

TIENE pinta de millonario francés, con barco en la Rivera, mucho dinero en el banco y americana de tres botones. Pero Darren Star (1961, Los Ángeles, California) es engañoso: a los 29 años se inventó una serie llamada Sensación de vivir y puso de moda los tupés de chico-duro-pero-sensible y a las rubias-sofisticadas-pero-sencillas. Con el exitazo aprovechó para saltar una generación y creó Melrose Place, con más rubias, más tupés y más pasta. Y para rematar la jugada, en 1998 dio el campanazo y se sacó de la chistera Sexo en Nueva York.

Con esta última puso la pica en Flandes cuando, encima, HBO decidió apostar por una adaptación cinematográfica que recaudó 415 millones de dólares en todo el mundo. Además, Star fue el primer personaje relevante del mundo de la televisión en admitir abiertamente su homosexualidad, abriendo una puerta que muchos han cruzado después (con Alan Ball o Marc Cherry como últimos ejemplos).

Con 'Sensación de vivir' rompimos convencionalismos: en la tele no había sexo o drogas, todo estaba pensado por tipos de 40 años

Star habla con EP3 en el festival de televisión de Montecarlo, donde se le ve relajado y sonriente, como si se estuviera dando un homenaje. Después de 20 años de clavar los codos, será que ya le toca.

EP3. Después de Sexo en Nueva York hemos tenido que tragarnos unas 10.000 variaciones del mismo tema...

Darren Star. [Levanta la mano] Sí, lo reconozco, y soy culpable de varias de ellas.

EP3. Entonces, si incluso usted se copia a si mismo, ¿es que todo está inventado?

D. S. No, no creo que todo esté inventado, si no dejaría de trabajar inmediatamente. La sociedad cambia, las cosas evolucionan y, por tanto, lo que es relevante también cambia. La televisión es interesante porque puede reflejar con rapidez lo que está sucediendo, eso la hace especial.

EP3. Antes de Sexo en Nueva York, eso de tele y sofisticado eran términos incompatibles. ¿Se siente usted responsable del glamour que encontramos hoy día en la pequeña pantalla?

D. S. [Risas] Sí, acepto mi responsabilidad. Lo bueno del caso es que cuando dije que yo quería que Sexo en Nueva York fuera como una película de 20 minutos de duración me trataron de loco, y cosas peores. Por suerte, al final entendieron que la estética de la serie era la columna vertebral del proyecto. No me gustan los productos televisivos, con esa pinta barata. No era lo que quería hacer. Desde el principio era a mi manera o de ninguna manera: tenía que ser algo personal. Ayudó el hecho de hacerlo para una televisión por cable, que no tenía la presión de la audiencia.

EP3. ¿Es por eso que su traslación al cine fue tan exitosa?

D. S. Dímelo tú: ¿qué diferencia ves entre la serie y la película a un nivel puramente visual? La única diferencia es la duración, pero el look sigue siendo el mismo.

EP3. ¿Por qué Sexo en Nueva York sigue triunfando una década después?

D. S. ¡El sexo nunca cambia! La gente varía las posturas, los lugares donde lo practica, lo hacen más o menos, pero todos siguen empeñados en ello [carcajada]. ¡Por eso la serie es universal...! No, en serio. Creo que la serie miraba a las mujeres desde un punto de vista diferente, con un matiz sobre su sexualidad que nunca se había visto hasta entonces. Y, además, te diré algo más: cuando me senté a presentar el show por primera vez fue en la cadena ABC. Lo primero que me dijeron fue: "¿Quieres llamar a esta serie Sexo en Nueva York?". Lo de poner la palabra sexo en el título les parecía inconcebible [risas]. Así que les dije: "No os molestéis". HBO se atrevió a intentarlo, y puedo decirte que si no hubiera sido por ellos, esta serie nunca se hubiera hecho. Su identidad y su relevancia residen en la autenticidad de su planteamiento.

EP3. ¿Qué le pasa a la tele? ¿Por qué todo el mundo quiere subirse ahora al carro cuando durante años la han estado tratando como al hermano pobre?

D. S. Las películas se han convertido en simples productos y las series han tomado el rol que tenían las películas hace 15 o 20 años. Es realmente extraño. Además, el DVD ha cambiado todo el panorama.

EP3. Volvamos atrás. ¿Qué le pasó a usted por la cabeza para inventarse una serie como Sensación de vivir?

D. S. Tenía 26 o 27 años y alguien de Fox me llamó porque quería hacer una serie sobre un instituto. A mí me pareció interesante porque hasta ese momento no había visto ninguna serie sobre institutos que tuviera un mínimo de verosimilitud, así que quise hacer algo que fuera relevante para los adolescentes. Cuando yo era un adolescente, todo en la tele estaba pensado y escrito por tipos de 40 años que no hablaban de sexo, de drogas o de cualquier tema que se definiera con lo que en realidad significa ser adolescente. Sólo estaban las pelis de John Hughes, y con eso no bastaba.

EP3. Encima los pone en Beverly Hills. ¿No le gustan los ricos?

D. S. [Risas] No, no, ni mucho menos. Estoy convencido de que situarlos allí ayudaba a probar que en realidad las diferencias sociales se borran cuando se habla de determinados temas. Era romper con un montón de convencionalismos, lo cual, créeme, no era fácil de hacer en aquel momento.

EP3. Y ahora que tiene 40 años van y se inventan una nueva versión de Sensación de vivir. ¿Le molesta?

D. S. No, ni mucho menos. ¿Qué sé yo ahora de los adolescentes de hoy día? Sería absurdo que un tipo de 40 años se pusiera a escribir para los de 16. Por eso, desde el principio dije que no me interesaba involucrarme en la nueva versión. Simplemente, no sé de qué están hablando.

EP3. ¿Qué recuerda de aquellos tiempos?

D. S. Era joven, estaba excitado... no era muy bueno cumpliendo con los tiempos [risas]. No quiero decir que fuera irresponsable, pero digamos que cuando el productor venía y me decía: "Darren, ¿dónde está el guión?", yo decía: "Pero ¿lo necesitas ya?, ¿quieres decir inmediatamente?". Aun así, fueron muy buenos tiempos.

EP3. Viendo Gossip girl, uno no puede evitar pensar en Kelly, Brandon y compañía.

D. S. Los códigos son totalmente distintos, Gossip girl representa Nueva York y Sensación de vivir hace lo mismo con Los Ángeles, y con dos décadas de diferencia. Son series completamente distintas, seguramente yo habría hecho Gossip girl si me hubieran pedido un proyecto sobre institutos ahora. Pero gracias por decir eso, es bueno para mi ego [risas].

EP3. ¿Sigue usted controlando los repartos de sus series?

D. S. Por supuesto, del primero al último. ¿Por quién me has tomado? [Sonríe].

Sexo en Nueva York se emite en Cosmopolitan TV. Sensación de vivir y su remake 90210, en Telecinco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de julio de 2009