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Reportaje:

Los petrodólares que sí retornaron

Benito Blanco es de los pocos magnates de la diáspora que reinvirtió en Galicia

"Las quiero verdes como Galicia". Corría el año 1982 y tenía delante nada menos que 21.000 áridas hectáreas perdidas en la provincia argentina de Río Negro. Hubo que trazar un canal de riego de 5 kilómetros de longitud, con otros 10 secundarios y 250 compuertas de hierro para conseguirlo. Benito Blanco Álvarez (Alfonselle, Lalín, 1931) ya se había hecho rico con la industria auxiliar de petróleo cuando decidió probarse a sí mismo con otro negocio.

Con los años, aquel erial llegó a producir 6,5 millones de kilos de tomates y 450.000 fardos de alfalfa por temporada, que abastecían a toda la región. No son batallas del abuelo. Es la vida de uno de los escasos emigrantes gallegos que hicieron fortuna en Argentina, viven para contarlo y, además, decidieron invertir en su Galicia natal. Como epílogo a toda una trayectoria empresarial, Blanco recorre estos días Galicia presentando una biografía realizada por la escritora argentina Mariana Vicat, en la que salda cuentas con un pasado lleno de avatares.

Hiperactivo, hablador y al volante de un Mercedes que hoy se podría catalogar como coche de época, Blanco tiene tiempo para recordar el proyecto que le hizo grande, desde que en 1952 llegó a Buenos Aires y comenzó a recorrer como mozo pizzerías y restaurantes de la Avenida de Mayo. Aquel éxito se llamaba bentonita, un mineral clave en la industria petrolera, ya que mezclada con agua resulta imprescindible para fabricar lodos de perforación.

"La minería tiene algo que atrapa", cuenta Blanco. "La bentonita me sonaba a oro; estaba seguro que ahí estaba mi futuro". No se equivocaba. El préstamo de un amigo le permitió constituir Minera Patagónica. Luego vendrían otras muchas empresas hasta fundar en 1973 la Compañía Minera del Lago, dedicada a la ingeniería de inyección de lodo en pozos petrolíferos. Su principal cliente, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), entonces monopolio público de la extracción de crudo en Argentina y hoy en día la filial más potente de Repsol. Los contratos con YPF, de la que se convirtió en principal abastecedor, permitieron al empresario diversificar sus actividades, entrar en otros negocios y comenzar a alimentar la leyenda.

Blanco también tuvo tiempo para toparse con la cara B de la emigración, un disco rayado que tiene innombrables como Francisco Ríos Seoane, uno de los últimos y más controvertidos presidentes del Club Deportivo Español de Buenos Aires. El empresario oriundo de Lalín también optó a ese puesto, al que renunció en plena campaña electoral por consejo de su amigo y abogado José Manuel Castelao Bragaña, hombre fuerte del PP en la diáspora bonaerense. "Prevalecieron los intereses mezquinos y varios amigos le advirtieron que su vida corría peligro", explica Mariana Vicat en el libro, sin concretar las amenazas recibidas.

¿Y cuál es la relación con su tierra? "Vengo tres veces al año a Galicia, tengo familia y negocios; antes más que ahora, pero es algo que va con la vida de uno", cuenta a punto de cumplir los 78 años. Blanco apura los días y repasa los proyectos en los que se ha embarcado, desde el sector inmobiliario a las fábricas de poliprolineo. Fue el difunto Xosé Cuiña, entonces alcalde de Lalín, quien en 1986 instruyó a Benito Blanco en los nuevos proyectos inmobiliarios de su pueblo natal. Por medio de esa relación, surgen inversiones en proyectos como Beyán, SA, con el resultado de 120 viviendas repartidas por siete edificios. Pero donde de verdad puso dinero Benito Blanco fue en Polipropileno de Galicia (Poligal).

En marzo de 1989 se embarca en el proyecto de producir componentes plásticos en el polígono de A Gándara, en Ferrol. La inversión, 2.800 millones de pesetas de las de entonces con el objetivo de lograr el autoabastecimiento de polipropileno para el mercado español, y frenar las importaciones desde Alemania. El apoyo de Manuel Fraga en los años siguientes fue imprescindible. De hecho, Blanco presume de carné del PP, en concreto el número nueve de Argentina. Hoy Poligal está en manos catalanas, pero Benito Blanco recuerda aquella aventura como la prueba de que los petrodólares de la emigración también llegaron a Galicia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de julio de 2009