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El PSC vota con CiU y el PP para tumbar la iniciativa popular contra los transgénicos

De nada sirvieron las 105.896 firmas de apoyo, 69.043 de ellas validadas por la Junta Electoral: la iniciativa legislativa popular (ILP) que pretendía prohibir el cultivo de transgénicos en Cataluña no superó ayer su primer trámite en el Parlament. Quedó enterrada porque el Partit dels Socialistes (PSC), Convergència i Unió (CiU) y el Partido Popular (PP) unieron sus votos contra el proyecto. "Nos decepciona que no estemos al lado de la Europa que frena los transgénicos", proclamó Alexis Inglada, un payés de 31 años, en nombre de los promotores de la ILP en la tribuna de oradores, ante el consejero de Agricultura, el socialista Joaquim Llena.

Junto a Llena escuchaban los consejeros ecosocialistas Francesc Baltasar y Joan Saura. De hecho, tanto Iniciativa (ICV) como Esquerra Republicana (ERC) defendieron, contra sus socios socialistas en el Gobierno, la tramitación parlamentaria de la ILP. "Lo que nos interesa, más allá de la prohibición, es que la sociedad catalana debata la cuestión" de la producción y el consumo de organismos genéticamente modificados, apuntó el republicano Carmel Mòdol.

Precisamente ese carpetazo al debate, y no el rechazo a su propuesta de declarar Cataluña "libre de transgénicos", prohibir su cultivo y etiquetar cualquier producto derivado de organismos modificados, incluso la carne de animales alimentados con ellos, fue lo que más indignó a los miembros de la plataforma Som lo que Sembrem, impulsora de la iniciativa. "De antisistema, nada. Hemos usado con entusiasmo las reglas del juego que nos han dado", subrayó Inglada en la Cámara.

Los compañeros que le escuchaban la abandonaron al grito de "visca la terra, mori el mal govern!", prestado de los segadors de 1640. A las puertas del edificio, junto a un centenar de manifestantes que increparon a los políticos, Josep Pàmies añadía: "Se quejan de la desafección, pero hoy muchos jóvenes se marcharán de aquí preguntándose para qué sirve votar". De hecho, el movimiento había optado antes por actos de desobediencia civil.

Pasa a la página 2Cataluña lidera, con Aragón, la producción de maíz Bt, el único organismo modificado cuyo cultivo se permite en la Unión Europea. En casi la mitad de las hectáreas catalanas dedicadas al maíz -22.447 de 42.272- crece esta planta, que es capaz de resistir a una plaga que afecta especialmente a los cultivos del valle del Ebro, gracias a una modificación patentada por la multinacional Monsanto. Cataluña es, pues, líder en España, y España concentra el 75% de la producción de maíz Bt en la UE. Otros países de la Unión, como Austria, Grecia y Hungría, han prohibido esta variante porque dudan de su inocuidad. El último que lo hizo, en abril pasado, fue Alemania. El PSC, CiU y el PP alegaron ayer, para rechazar la ILP, que Cataluña no tiene competencias para poder desmarcarse de forma similar de la directiva europea que autoriza este cultivo. El Gobierno vasco opina de otra forma. Como Canarias y Asturias, Euskadi ya se declaró hace dos años 'libre de transgénicos'. En abril, el Ejecutivo de Vitoria llenó esta proclama de contenido legal: aprobó un decreto que, con la excusa de regular la coexistencia entre cultivos convencionales y modificados, pone tantas condiciones a los agricultores que quieren cultivar maíz Bt, que supone 'una prohibición de facto', según ese Gobierno. En Cataluña, la redacción de un decreto similar quedó abortada en 2005, cuando un borrador que elaboraba el Departamento de Agricultura enfrentó a ICV y el PSC. No existe, pues, una norma que establezca, por ejemplo, qué indemnizaciones deben pagar los agricultores que plantan maíz Bt en sus campos si esta planta contamina los cultivos convencionales adyacentes. Los antitransgénicos recordaron casos como el de Juli Bergé, un payés que perdió su cosecha ecológica porque resultó contaminada por el maíz Bt de los campos vecinos. Así que 'los payeses que quieren cultivar maíz ecológico no pueden hacerlo', aseguró Inglada, mientras el tripartito, favorable a los transgénicos, se oponía a su prohibición apelando a la 'libertad de los agricultores para decidir qué sembrar'. Tampoco existirá en Cataluña la denominación protegida 'libre de organismos modificados' como pedía la ILP. Actualmente, la UE sólo obliga a etiquetar los productos que contienen más del 1% de ingredientes transgénicos, pero países como Alemania han creado sellos parecidos al que reclamaban los promotores de la ILP fallida. Ayer señalaron que seguirán tratando de lograr una mayoría favorable a sus tesis. Por si viene otro julio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de julio de 2009