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Reportaje:Wimbledon

Un torneo 'nuevo'

El estreno del techo retráctil de la pista central cambia radicalmente las condiciones de juego

Durante más de 130 años, Wimbledon fue un torneo al aire libre, disputado con luz natural y sobre hierba. Dos de esas decisivas características se alteraron el pasado lunes y estuvieron a punto de costarle a la organización la eliminación del favorito del público, el británico Andy Murray, que sufrió en cinco sets (2-6, 6-3, 6-3, 5-7 y 6-3) contra el suizo Stanislav Wawrinka. Llovió tímidamente y la directiva del club, ávida de estrenar el techo retráctil de la pista central, que ha costado unos 117 millones de euros, decidió que los partidos entre Dinara Safina y Amelie Mauresmo y entre Murray y Wawrinka se jugaran a cubierto y con luz artificial. El escocés obtuvo su victoria pasadas las 22.30 (23.30 hora peninsular española), superándose así el final más tardío de una jornada. Este año no se había jugado más allá de las 21.40 (22.40).

Desde el lunes, en Wimbledon se juegan dos torneos. Uno, al aire libre; otro, bajo techo. Eso da cuerpo a dos circunstancias de juego radicalmente distintas y desde el principio opuestas: mientras Murray jugaba en la cancha central, la organización no tuvo reparos en que Fernando Verdasco y Juan Carlos Ferrero disputaran sus partidos a cielo descubierto.

"Las condiciones de juego bajo techo son muy diferentes a las de jugar al aire libre", se quejó Murray; "marcan la diferencia. Son muy pesadas, muy húmedas, más lentas. Hay más intercambios. Eso provocó que obtuviera muchos menos puntos gratis con mi saque". Pese a las quejas de Murray, es previsible que el techo favorezca a los sacadores, que no se verán molestados por el viento. "La bola vuela más", explicó Mauresmo. Murray y Wawrinka se sintieron pronto como en una sauna. "Sudas muchísimo", explicó el primero; "se te empapan las manos y, cuando acabas, es como si te hubieras dado un baño. Eso te para y te hace sufrir a la hora de sacar".

El techo de Wimbledon nace como respuesta a las necesidades de las televisiones: las cadenas se entienden mal con los imprevisibles horarios del tenis, deporte en el que sólo se sabe cuándo se empieza, y peor aún con las interrupciones por la lluvia, que han forjado algunas de las leyendas del torneo. Ahora, Wimbledon se disputa en dos partes. Los tenistas que jueguen en las pistas exteriores tendrán que administrar el reto de parar por la lluvia y volver al encuentro. Los que sean programados en la central tendrán, sin embargo, que preocuparse de que nada se parezca a lo que practican en las pistas de entrenamiento. Wimbledon ya no es el mismo Wimbledon.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de julio de 2009