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Crítica:

Una comedia notable

Es arriesgado generalizar sobre los movimientos evolutivos de un determinado género cinematográfico, pero a todo espectador con cierta fidelidad a la comedia norteamericana no se le puede haber escapado el estimulante viraje que han dado sus códigos en los últimos años. Ciertas fórmulas parecen haber alcanzado su fecha de caducidad para dar paso a un modelo de comedia que, de entrada, parece obviar el target adolescente para dirigirse a quienes experimentan la crisis de los treinta y tantos y que, en sus formas, parece cuidar tanto la calidad del texto como la de los actores que sabrán transmutarlo en eficacia cómica. En ese cambio de sensibilidad ha habido una figura clave, en calidad de productor y ocasional director, Judd Apatow: sobre los cimientos de un guión muy bien escrito, sus comedias confían en la improvisación de los actores para propiciar hallazgo inesperado. En ocasiones, la fórmula tiende a la hipertrofia y las comedias llegan a los créditos finales aquejadas de cierta elefantiasis narrativa. Casi siempre, el tema de fondo tiene que ver con los claroscuros de la generación de la inmadurez, a la que está especialmente dedicado el arsenal de guiños (sub)culturales que acercan el dispositivo referencial de estos trabajos a los que, por aquí, manejan los responsables de Muchachada Nui.

TE QUIERO, TÍO

Dirección: John Hamburg.

Intérpretes: Paul Rudd, Jason Segel, Rashida Jones, Jon Favreau, Jane Curtin.

Género: Comedia. EEUU, 2009.

Duración: 107 minutos.

Lucidez

Dirigida por John Hamburg, cómplice habitual de Ben Stiller, Te quiero, tío no es un producto Apatow, pero lo parece de los pies a la cabeza: señal inequívoca de que lo que hasta ahora era sello de productor se está convirtiendo en tendencia a emular. Hamburg, que formó parte del equipo de Undeclared -una de las series televisivas creadas por Apatow- no camufla su estrategia: Paul Rudd y Jason Segel, los actores que encabezan su reparto, forman parte de la escudería del nuevo rey Midas de la comedia americana y Te quiero, tío responde a su modelo con la aplicación del riguroso ejercicio de estilo.

Aplicando los esquemas de la comedia romántica a una historia de amistad masculina sobre el muy contemporáneo paisaje de la atrofia de los recursos sociales, las nuevas dinámicas de relación y las problemáticas negociaciones con la madurez, Te quiero, tío no sólo logra hacer reír al respetable sin recursos fáciles: también dice cosas lúcidas y relevantes sobre el tiempo en que nos ha tocado vivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de junio de 2009