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Reportaje:

La final de todos los récords

Federer, que se entrenó en secreto, busca su primer Roland Garros, el Grand Slam e igualar los 14 'grandes' de Sampras

"Sólo estar sentado allí, en la pista, me puso nervioso. El ambiente era eléctrico. La atmósfera, increíble. Me dio un subidón. Ahí estaban la fatiga, los nervios... Quizá sea el gran éxito de mi carrera: pasar por tiempos muy difíciles y ganar luego el Abierto de Estados Unidos". El día que Pete Pistol Sampras firmó esas palabras se había colocado por encima de cualquier tenista en número de títulos: era 2002 y acababa de ganar su 14º grande, más que nadie. Hoy, el pistolero puede tener compañía. Roger Federer, que está viviendo ese mismo torrente de emociones, juega (La 2 y Eurosport, 15.00) la final de Roland Garros frente al sueco Robin Soderling, el vencedor de Rafael Nadal.

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Es un partido para entrar en la leyenda. Si gana, Federer conquistará el único torneo del Grand Slam que le falta, igualará el récord de títulos grandes de Sampras, que nunca consiguió vencer en París, y entrará en la lista más exclusiva de su deporte: sólo Fred Perry, Don Budge, Rod Laver, Roy Emerson y Andre Agassi se anotaron todos los grandes, aunque ninguno sumó más de 12.

"La presión es tremenda para los dos", dice Federer, que perdió las tres últimas finales de Roland Garros ante Nadal y que ayer ofreció todos los síntomas de un tenista sometido a extremas tensiones. El suizo, al contrario que Soderling, suspendió la rueda de prensa previa a la final. No atendió a los enviados especiales de su país, en contra de lo que hace siempre. Y ordenó que su entrenamiento fuera a puerta cerrada, secreto, defendido por más de una decena de guardias. "Aquí no pasa ni el presidente de la República", decían. "Adiós y gracias". Federer asalta su Santo Grial como favorito indiscutible y los viejos campeones le alertan contra los peligros de perder los nervios.

"Lo más importante para Federer fue ver a Nadal perdiendo", analiza en la sala de jugadores Yevgeni Káfelnikov, ex número uno y campeón de Roland Garros y del Abierto de Australia. "En cuanto pasó eso, se dio cuenta de que ésta es su última oportunidad para ganar Roland Garros. Si no lo logra esta vez, será historia. No lo conseguirá nunca", avisa. Federer tiene 27 años. "En los últimos partidos le he visto concentrado, fuerte mentalmente. Ésa es la razón por la que ganó a [Juan Martín] Del Potro, pero es imposible saber cuánta energía, cuántas fuerzas, tiene todavía en el cuerpo. Es el favorito, pero Soderling ha dado ya tantos disgustos...".

"Las condiciones climatológicas", interviene arrebujado en una chupa de cuero Thomas Muster, campeón en París en 1995 y ex número uno, "son un factor a tener en cuenta. Hace frío. Ha estado lloviendo. Y eso puede tener un impacto en la final porque hace la bola más pesada, lo que sería una ventaja para Soderling". ¿Y el público? ¿Cómo influirá que la grada apoye a Federer, que quiera presenciar una tarde histórica? "No creo que a Robin le importe una mierda", responde Mats Wilander, ganador de siete grandes y también ex número uno. "Está preparado. Tiene un gran entrenador en Magnus Norman [finalista en 2000]. Es demasiado inteligente para no comprender, para no darse cuenta de que las cosas son así", añade el sueco, vestido como un viejo rockero. "En realidad, el gran problema de Robin es que él cree que el peor rival, el más difícil, el que le hace jugar peor, es precisamente Roger. Federer te hace jugar peor. Si no lo logra, no ganará".

Hay más cosas en juego para el suizo: recuperar el número uno, que tendría a tiro en Wimbledon; hacer buenas dos estadísticas -nadie perdió cuatro finales en París y ha ganado a Soderling en los nueve partidos que les han enfrentado-, y su propia paz interior. "Si gana, le cambiará la vida", dice Agassi, el último hombre que completó los cuatro grandes, precisamente en Roland Garros en 1999. "A Roger le veo jugando muy bien, afianzándose", añade Guillermo Vilas, otro ex número uno. "Siempre empieza y luego se va ajustando".

Frente a la inercia imparable de la historia, sólo un hombre, Soderling, que debuta en una final grande y nunca ha ganado un título sobre tierra. "El día que cumplí con el mayor reto que hay en el tenis de hoy en día, ganar a Nadal en París, no sentí que hubiera terminado con este torneo. Quería más. Sigo sintiéndome igual", dice el sueco, ése que utiliza calzoncillos de la marca Bjorn Borg, el chico que quiere ser como Adriano Panatta. Ahí está el precedente: el italiano derribó a Borg en 1976 y luego caminó con paso de gigante hasta el trono.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de junio de 2009