Reportaje:ESCAPADAS

Los 'post-it' de Víctor Hugo

El autor de 'Los miserables' anotaba cualquier idea en trozos de papel. Los borradores se exponen muy cerca de París

Amar es actuar", fue el último pensamiento de Victor Hugo, tres días antes de morir, en 1885. Madame Ménard Dorian, íntima de la familia, a la cabecera del gran hombre, le requirió unas palabras, y éste, incorporándose de su cama de moribundo, las trazó con su puño y letra, sobre una pequeña hoja. Este documento original, considerado tesoro nacional -uno de los cinco que contiene el museo (entre un total de 4.500 piezas)-, emociona.

La Casa Literaria de Victor Hugo está en Bièvre -localidad a 15 kilómetros de París-, dentro del Château des Roches. Nada más atravesar la verja del parque, los sauces, los castaños y las acacias guían por una senda balizada de flores hasta el palacete; en ligera pendiente, entre suaves ondulaciones, 11 hectáreas de un magnífico jardín se pliegan a la mirada.

Más información
Tierra de nadie junto al Sena

A mediados del siglo XIX, la fortaleza-mansión perteneció a Bertin L'Aîné, director del Journal des Débats, que congregaba en su salón a poetas y artistas del momento: desde Chateaubriand y Berlioz hasta Ingres y Liszt. Amigo de esta rica e ilustrada familia, Hugo, desde su casa de la plaza des Vosges (entonces plaza Real) en París, iba a menudo con su familia a pasar unos días, y, durante 10 años, las vacaciones de verano. Allí recibió las primeras lecciones de piano de Liszt, en el aposento Bertin, donde sigue en pie el instrumento musical.

En Les Roches, inspirado por el bosque y su silencio, Victor Hugo compondrá los Cantos del crepúsculo. Propiedad adquirida por el filántropo japonés Daisaku Ikeda, en 1991 se convirtió en Museo Victor Hugo y centro literario. Su diseño, revestimientos y mobiliario de solemne clasicismo recrean el ambiente romántico de un siglo que atrapa el simbolismo de Baudelaire, prepara la modernidad con Rimbaud y anuncia a Mallarmé.

Las colecciones originales, escaparate de una época fecunda y un viaje por las diferentes artes que se entrecruzan, exhiben manuscritos (el ejemplar de Los miserables con enmiendas últimas y correcciones del autor), fotos, dibujos, pinturas (el retrato a pluma realizado por Auguste Rodin, cuya fuerza y misterio sobresale en el recorrido), objetos diversos relacionados con su juventud, referencias a los años de exilio, múltiples borradores (ya que el inventor de Cosette y otros personajes inolvidables anotaba cuando le venía una idea sobre cualquier superficie a su alcance, facturas, pedazos de periódicos o marcapáginas, sus post-it particulares). En una sala vemos varias litografías de Delacroix y publicaciones que recuerdan los episodios sombríos de su padre, quien, junto a su hijo, estuvo con José Bonaparte durante dos años en España. El niño Hugo aprendió algo el español. Una vez, preguntado sobre la muerte, éste, en el idioma de Calderón, respondió: "Será la bienvenida". Todo, enseres, pliegos y chirimbolos, retrata la existencia compleja de un hombre comprometido con su tiempo.

Los patos salvajes

En uno de los extremos del parque nos atrae una ruina, La Torre. Preservada así deliberadamente, este mirador de estilo medieval se abre a una panorámica agreste y apacible. El páramo ensalza la nariz con un aire puro y perfumado que sube del riachuelo, cuyo brazo irriga su gran estanque. A escasos metros, los patos salvajes hacen esquí acuático sobre las impolutas e inmóviles aguas de la ciénaga, los árboles llorones ribetean la orilla mientras gigantescas piedras parecen posar como dormidas. La silenciosa tranquilidad del lugar acoge al visitante invitando a sentarse sobre la balaustrada, y, como desde lo alto de alguna almena amurallada acotando el esplendor de la naturaleza, le incita a pensar en los avatares trágicos de la historia.

Hugo, recién nombrado senador de la III República en 1876, muy implicado en política, redacta enseguida un decreto para amnistiar a los comuneros. Su vocación humanista, siempre dirigida hacia el progreso y la igualdad fundamental fijada en los derechos civiles, le animará a combatir sin cesar por la reconciliación nacional. Su socialismo moderado quedará manifiesto en su célebre texto Actos y palabras, el derecho y la ley (Actes et paroles, le droit et la loi). "Los afortunados deberían tener como carga a los infelices; el egoísmo social es un comienzo del sepulcro; si queremos vivir, mezclemos nuestros corazones y seamos el inmenso género humano. Marchemos adelante, remolquemos el atrás. Pues la prosperidad material no es la felicidad moral".

Delicada armonía

Es recomendable, tras visitar el museo y recorrer el parque, tomar un té sin salir del recinto, en el pabellón Les Feuillantines. Resulta un placer degustar esa colación y pastelitos acordes a la delicada armonía del paraje. A través de sus grandes ventanales, de un lado y otro, divisamos los árboles, el valle, las nubes. Entonces no es imposible rememorar un pasaje de Hugo -ejemplar de alguien creyente y ateo a la vez-, cuya inspiración pascaliana, espoleada por su carácter exaltado, pero tolerante, elogia de forma sublime la grandeza épica de la democracia, a sus ojos siempre en peligro. "La grandeza de la democracia consiste en no negar nada, en no renegar de la humanidad" -escribe en Los miserables-. "Destruir el fanatismo, venerar lo infinito, tal es la ley". "Poner en contacto, mediante el pensamiento, el infinito de lo bajo con el infinito de lo alto, a eso llamo rezar". "¿Qué es la conciencia? La brújula de lo desconocido...".

En Bièvre, los rincones rústicos deleitarán a los amantes de los senderos silvestres. Una abundante flora y la vegetación, más el esmero de pequeñas residencias con huertas y patios cercados, infunden en el viajero una sensación de dulce ensoñamiento real: encontrar un mundo a su altura, alguna parcela de paz y libertad ajena a las engañosas e inciertas urgencias de la metrópoli. Sosegada aldea, tal como la describió Hugo: "Duran aquí mucho tiempo las flores que duran poco. / Aquí el alma contempla, escucha, adora, aspira, / Y tiene lástima del mundo, estrecho, del loco imperio". Día logrado para cualquier explorador buscando unir, al heroísmo naturalista, un ideario político.

Cerca de la bonita iglesia gótica, varios restaurantes sirven excelentes platos regionales y caldos de las mejores viñas.

Sobrado de tiempo, unas calles más allá, se puede visitar el Museo Francés de la Fotografía. Contiene la historia de las técnicas y los usos sociales de las imágenes. Ficheros e inventarios con millones de negativos. Vemos la evolución de los aparatos, desde los primeros daguerrotipos y procedimientos químicos hasta el nacimiento de la Leica, los cofres de Kodak y las Polaroid. La pieza maestra es "un praxinoscopio de teatro, precursor del cine". El aparato sirve para la obtención de pruebas cronofotográficas, mecanismo de animación de imágenes que, gracias a la persistencia retiniana, da la ilusión de reproducir el movimiento.

Recomienda otros destinos de Francia

Guía

Cómo llegar

» La localidad de Bièvres se encuentra a unos 20 kilómetros al suroeste de París.

Visitas

» Casa Literaria de Victor Hugo (www.maisonlitterairedevictorhugo.net; 0033 1 69 41 82 84). Château des Roches. 45, rue de Vauboyen. En Bièvres. Horarios: la casa se abre al público los sábados y domingos, de 14.30 a 18.30. Entre diciembre y febrero queda cerrada. Precios de entrada: dos euros para el parque y cinco euros el parque y la casa.

» Casa de Victor Hugo en París (0033 1 42 72 10 16; www.musee-hugo.paris.fr). Hôtel de Rohan-Guéménée. 6, place des Vosges, París. Abierto de martes a domingo, de 10.00 a 18.00. Entrada gratuita (sólo se paga si hay exposiciones temporales).

Información

» Oficina de turismo de París (www.parisinfo.com; 0033 892 68 30 00).

» Maison de la France en España (www.franceguide.com; 807 11 71 81).

Concurso

Elige la plaza más bonita de España y gana una escapada rural
PARTICIPA

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS