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CARTAS AL DIRECTOR

Normalidad democrática

Hace pocos días tuvimos la ocasión de oír cómo los señores Anasagasti y Joan Ridao calificaban como un hecho de normalidad democrática los silbidos al himno nacional español durante la final de la Copa del Rey entre los equipos del Barcelona y del Athletic de Bilbao.

Pues miren, no. Eso no es normalidad democrática porque la democracia se basa, entre otras cosas, en el respeto a las ideas y sentimientos del contrario, y los silbidos a un himno con el que se identifican muchos millones de personas es una falta de respeto con la agravante de cobardía al hacerlo escondidos entre una gran masa anónima de personas.

¿Sería normalidad religiosa la de un no creyente que acude a un funeral y se pone a silbar cuando empieza a hablar el cura?

Lo que sí es normalidad democrática es saber ceder el poder en una comunidad cuando así lo decide una mayoría de parlamentarios, elegidos por los ciudadanos. Y, precisamente, muchos de los representantes políticos del PNV eso no lo han sabido o querido hacer.

Hay que ver la viga en el ojo propio antes que la paja en el ojo ajeno, y un poco más de humildad y autocrítica democrática, y un poco menos de odio, nunca vienen mal en la profesión que estos señores ejercen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de mayo de 2009