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Cosa de dos

Denuncia

Hay quien piensa que la publicidad es un mal necesario para los medios informativos. Necesaria lo es, sin duda; parece menos claro que siempre sea un mal. Algunos anuncios alcanzan altos niveles de creatividad y se convierten en fenómenos. Recuerden, por ejemplo, aquel be water, my friend de una marca automovilística. Los anuncios aún no han encontrado su mejor acomodo en los medios digitales. En los medios de papel aportan color y espectacularidad, además de, en alguna ocasión, hermosos equívocos; el más célebre fue el que unió una fotografía de Carmen Polo y de Carmencita, esposa e hija del dictador, con un anuncio de insecticidas en el que destacaba una palabra: "¡Mátelas!".

En televisión marcan pausas y permiten que la audiencia se levante del sofá y haga sus cosas. En Reino Unido, la aparición de la televisión comercial ITV, con anuncios, permitió comprobar que durante las interrupciones publicitarias de series de gran éxito, como Coronation Street, se disparaban el consumo de agua (la gente iba al baño) y de electricidad (la gente ponía agua a calentar para el té).

Los espectadores de France 2, la gran televisión pública francesa, que se ha quedado sin anuncios en hora punta como aseguran que le ocurrirá a TVE, no están contentos con la novedad. Más bien al contrario. Muchos piensan que la programación sin anuncios parece desprovista de empaque y, sobre todo, echan en falta las pausas.

Lo anterior viene a cuento de una excelente serie de reportajes que publica este mismo periódico sobre la esclavitud a que son sometidas miles de prostitutas. Esos reportajes nos dignifican por partida doble: porque para denuncias de este tipo sirven los periódicos, y porque demuestra que, por más que les necesitemos, no nos achantamos ante nuestros anunciantes.

El lector habrá notado que, en crisis las inmobiliarias y en horas bajísimas el consumo, los pequeños anuncios de prostitución son una importante, casi vital fuente de ingresos para los periódicos. Me parece una lástima que publiquemos esos anuncios y promocionemos la prostitución. Pero al mismo tiempo la denunciamos, o denunciamos una parte de ella. Algo es algo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de mayo de 2009