ÁREA DE META | Athletic-Barça, gran final de Copa
Columna
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¿A papá o a mamá?

Cuántas veces hemos oído esa pregunta venenosa de a quién quieres más, a papá o a mamá. Bueno, pues este último día ésa es la cuestión que más frecuentemente llega a mis oídos, aunque formulada de otra manera que ya todos ustedes habrán adivinado, pero que resumo por si hay alguien que no haya resuelto el silogismo: ¿Quién quieres que gane, el Athletic o el Barça? Y a uno le gustaría resolver con un que ganen los dos o con un que gane el que más lo merezca, pero ninguna de estas contestaciones llenan a los curiosos que, por detrás, buscan respuesta a otra pregunta: ¿de qué equipo eres?

Hace muchos años, cuando viajé de Bilbao a Barcelona para quedarme unos cuantos maravillosos años cerca del Mediterráneo, en la rueda de prensa de presentación me trasladaron la pregunta de otra forma: ¿cuál es tu equipo preferido? Con una sinceridad que muchos consideraron una provocación, respondí con la sencillez de que el Athletic era mi equipo desde niño. Cuando años más tarde tuve que volver a hacer las maletas para llegar a mi estación terminus de Valencia, ya había aprendido que, además de los afectos de la infancia y de ese mundo ideal que me había construido en mi mente para verme como portero del equipo de San Mamés sustituyendo a Iríbar en las maderas rojiblancas, además de esos sueños, la vida te lleva a construir nuevos retos, a alcanzar nuevas cimas y a afrontar nuevas situaciones junto con otros compañeros, bajo otra camiseta. Mejor dicho, tú eres el que te construyes nuevos afectos para crear nuevos sueños que nunca imaginaste alcanzar cuando te quedabas dormido en la tranquilidad de la plaza de Aretxabaleta.

Sólo se me ocurre que me espera mucha alegría, en la misma dosis que tristeza, en un día que espero maravilloso

Y fueron muchos los afectos que tejí en mis ocho años de azulgrana, afectos que tienen cara y ojos, afectos que me gustaría resumir en Ángel Mur, alguien que siento que representa esos valores de un club que se resume a sí mismo en un sencillo y, a su vez, complejo lema: Más que un club. Cuando pienso en una victoria del Athletic, me viene la imagen de la decepción de mis amigos blaugrana y la amargura llena mi mirada. Cuando pienso en una victoria culé que les acerque a ese sueño del triplete, me vienen a la mente tantos amigos rojiblancos que, con entrada y sin ella, se han lanzado a la conquista de Valencia que el dolor llena mi alma.

Y, sin embargo, me alegra verles en ese que es el mejor partido del año en nuestra competición nacional, en esa fiesta del fútbol que supone una final de Copa, el encuentro con más glamour del curso futbolístico casero, aunque esté metido en medio de finales de Liga y con la sombra de la Champions. Me alegra que vuelva el Athletic a un lugar en el que se siente cómodo como si sintiera que 25 años no es nada y que fue ayer cuando nos despedíamos de aquella fallida final contra el Atlético de Madrid bajo el canto de Si hoy hemos perdido, mañana ganaremos, un mañana de más de 9.000 días, un lugar para el que la ilusión de volver a tocar Copa arrastra a la marea rojiblanca de una forma que a algunos les puede parecer irracional.

Me alegra ver a un Barça que vuelve a este escaparate de lujo que es la Copa en una temporada que tiene visos de convertirse, si no lo es ya, en histórica. Con un entrenador que sabe mucho y respeta mucho la historia de esta competición y del rival que va a tener al otro lado del campo.

Me alegra verles a los dos sobre ese césped que tanto conozco y al que tanto debo como es el de Mestalla, adonde no pude llevar títulos, pero donde tanto afecto me fue dado y donde todavía recuerdo alguna de esas inolvidables frases con las que el Gol Gran nos recibía en cada partido.

Esta final merece uno de esos maravillosos pensamientos para que le sirva de titular. A mí sólo se me ocurre que me espera mucha alegría, en la misma dosis que tristeza, en un miércoles que espero maravilloso.

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