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Reportaje:

Un Giro para viejos

Sastre, en su primera visita a Italia con posibilidades de triunfo, se enfrenta a media docena de ciclistas de su generación

Comienza el siglo XX. Verdi é morto, comienza Novecento. Il Giro é nato, podría haber añadido poco después. La gran ópera abandona los teatros líricos y desciende al asfalto. El ciclismo ya nació como deporte antiguo. Como el Giro, que ya en su primer año, en 1908, parecía una carrera de toda la vida. Una carrera en la que los héroes se mueven sacudidos por las grandes pasiones. Se llaman Fausto Coppi y Gino Bartali. Conmueven y emocionan a toda Italia, que encuentra en su rivalidad la sal de la vida.

Centoanni, brindan los bandidos mafiosos de El Padrino para celebrar el cumpleaños de su boss. Centoanni, proclaman los carteles del Giro 2009, que celebra su centenario agarrándose a la leyenda como un clavo ardiendo, cogiéndola 100 años después por los pelos con la punta de los dedos.

Una contrarreloj por equipos abre hoy la carrera, que celebra su centenario

Armstrong promete apoyar hasta el final a su compatriota Leipheimer

La leyenda, o su decorado, como las góndolas venecianas que transportan por un día a sus protagonistas hasta la bizantina plaza de San Marcos; las palabras que la designan, como pasión o fábula, que, en los titulares de La Gazzetta dello Sport, el periódico que la inventó y que prestó el color rosa de sus páginas al jersey del campeón, toman el carácter de lema publicitario; el glamour con que se le quiere adornar, personificado en el tratamiento de estrella de la Mostra de Venecia que se le da a Lance Armstrong, el tejano que nunca ha corrido un Giro, que hace casi cuatro años que no disputa una carrera de tres semanas, que hace mes y medio que se rompió la clavícula, que personifica en su cuerpo, tan musculoso aún, los músculos que se apresuró a construir cuando dejó el ciclismo por segunda vez; las eternas contradicciones del ciclismo de los grandes tours, el deporte que nació viejo, que se mantiene aún como un anacronismo al que todos se pueden reenganchar: Alexander Vinokúrov, el terrible kazajo, quiere regresar y sólo si le admiten en su equipo, el Astana, podrán Johan Bruyneel y Armstrong seguir contando con los petrodólares de Kazajistán.

En unos tiempos en los que el ideal del cuerpo masculino pasa impepinablemente por el músculo, por los listones que convierten el abdomen en una tabla de lavar, los ciclistas cultivan el cuerpo ascético, la mirada mística, la tristeza de Manolete en la mirada: voluntariamente, se declaran prófugos de su época. Envejecen y resisten.

El Giro del centenario, la 92ª edición de la carrera rosa, sólo anulada los años de las dos grandes guerras, será también el Giro de los hombres viejos, de la generación de los nacidos en la década de los setenta, que no encuentran a nadie que les quite el sitio.

De Armstrong, que va camino de cumplir 38 años y empezó a ganar Tours en el siglo pasado; de Carlos Sastre (34), el ganador del último Tour, uno que nunca ha corrido el Giro para intentar ganarlo -como Miguel Indurain, en 1992 y 1993, y Alberto Contador, en 2008, los dos únicos españoles que lo han conseguido-, pero que cuenta ya a sus espaldas con 12 puestos entre lo diez primeros de la Vuelta y el Tour; de Ivan Basso (31), que regresa tres años después de su apabullante victoria y tras cumplir una suspensión de dos por sus tratos con Eufemiano Fuentes; de Stefano Garzelli (35), el último ganador del siglo pasado; de Levi Leipheimer (35), a quien ha prometido Armstrong su sudor y su esfuerzo; de Christian Vande Velde (33), otro de la generación y la escuela del estadounidense; de Danilo di Luca (33), el gamo de los Abruzos, ganador del Giro de 2005; de Denis Menchov (31 y dos Vueltas) y también de Damiano Cunego, que aún no llega a los 30 (tiene 27), pero que ya era viejo cuando empezó y cuando ganó, hace cinco, el Giro a los 22 y que sigue prefiriendo a Jim Morrison sobre el hip hop o el rap; de Gilberto Simoni (37, el más viejo de los protagonistas por un par de semanas sobre Armstrong), el auténtico hombre Giro: será la 15ª carrera rosa del escalador de Trento, otro que ya corrió en tiempos de Indurain y que tiene nueve plazas en el top ten, siete podios, dos victorias, una descalificación por comer caramelos andinos con cocaína...

Para ellos, un recorrido de los de siempre, con comienzo hoy con una contrarreloj por equipos en la zona más fea de Venecia, la playa del Lido, y cinco puntos fuertes: la primera montaña, Alpe di Suisi, el quinto día; la contrarreloj de Cinque Terre (60,6 kilómetros), el 12º; la más dura, Monte Petrano, el 16º, y dos guiños al pasado, el Blockhaus, aunque recortado, el día de la final de la Champions (27), y el Vesubio, el último sábado.

Especial Giro de Italia

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de mayo de 2009