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Crítica:

Sensaciones de África

"Todo ser humano es el resultado de un padre y de una madre. Se puede no reconocerlos, no quererlos, se puede dudar de ellos. Pero están allí, con su cara, sus actitudes, sus modales y sus manías, sus ilusiones, sus esperanzas, la forma de sus manos y de los dedos del pie, el color de sus ojos y de su pelo, su manera de haºblar, sus pensamientos, probablemente la edad de su muerte, todo esto ha pasado a nosotros". Así inicia Le Clézio El africano, en el que habla de su padre. Este libro es menos ficción, más precisamente biográfico, fiado a la memoria directa de sensaciones. Nos cuenta la vida de un padre nacido en Mauricio cuando era colonia británica, que se forja una carrera de médico primero en Guyana, luego en África. Le Clézio se encuentra con su padre a los ocho años, ya en una África que nunca olvidará, donde impera la vida salvaje y libre, la violencia natural. En su memoria se mezcla la vida bajo el padre autoritario con la libertad del cuerpo y con referencias que reubican y complementan La música del hambre. África, ese continente tan maltratado por el mundo moderno, forma parte, debido al padre, de la memoria vital de Le Clézio. Un retrato conmovedor trabajado con dureza y emoción verdaderas.

El africano. J. M. Le Clézio. Traducción de Juana Bignozzi. Adriana Hidalgo. Buenos Aires, 2008. 135 páginas. 12,50 euros. L'africà. Traducción de Anna Torcal y Salvador Company . Edicions 62. Barcelona, 2008. 128 páginas. 19 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de abril de 2009