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El PP vuelve a la Xunta

Feijóo asegura que "prohibir es lo contrario de ordenar" el litoral

El nuevo presidente propone acuerdos en torno a la lengua, la crisis económica, la reforma estatutaria, la financiación autonómica y la educación

El anuncio de que el nuevo Gobierno del PP mantendrá la prohibición de construir en la franja de los primeros 500 metros de costa hasta que se apruebe un Plan de Ordenación del Litoral, tal y como pretendía el Gobierno bipartito y en contra de lo que reclama la patronal de la construcción, se convirtió ayer en el anuncio más importante de Alberto Núñez Feijóo en la jornada final de una sesión de investidura en la que el candidato a la Presidencia se felicitó de la disposición de todos a dialogar. Feijóo hizo este anuncio no sin criticar la labor del Gobierno saliente ("prohibir es lo contrario de ordenar", subrayó) y lo justificó en la necesidad de "no improvisar". La prolongación de la moratoria se mantendrá al menos seis meses, el plazo en el que Feijóo se comprometió a presentar un Plan de Ordenación del Litoral.

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La del litoral fue una de las pocas novedades que Feijóo reservó para el tramo final del debate de investidura. Otra de ellas fue el anunció de adscribir un Igape renovado a una nueva Consellería de Innovación y Competencia y los puertos a la Consellería del Mar. "Diálogo, pacto y acuerdo" son las tres palabras que Feijóo eligió destacar después de escuchar a los portavoces de la oposición. El tono crítico de las primeras intervenciones de los portavoces de la oposición, Xaquín Fernández Leiceaga (PSdeG) y Carlos Aymerich (BNG), y sobre todo la acidez del responsable del Grupo Popular, Manuel Ruiz Rivas, hacían presagiar una sesión mucha más tensa.

No obstante, la moderación de Núñez Feijóo en la réplica y, sobre todo, la pausa de dos horas para comer, hicieron posible que en el tramo final del debate se impusieran las apelaciones al consenso. Feijóo saludó "el cambio de actitud" de sus interlocutores (notablemente más críticos en la sesión de la mañana) y su disposición a "buscar puntos de encuentro". El PP, prometió, lo buscará en torno a la lengua y para hacer frente a la crisis, pero también para pactar las demandas de Galicia en materia de financiación autonómica, firmar un pacto en educación no universitaria, reformar los medios de comunicación públicos y redactar un nuevo Estatuto.

Feijóo se siente "un modesto eslabón" del "proyecto de galleguismo cívico" del que forman parte los ex presidentes Xerardo Fernández Albor y Manuel Fraga pero, subrayó, sabe que "Galicia no es el PP". El formato del debate no dio pie a concretar cómo puede construirse ese diálogo, pero sí permitió a Feijóo ofrecer algunas pistas. Ante la crisis, explicó que su "oferta para suscribir un gran pacto con el que hacer frente a la situación excepcional de la economía no tiene fecha de caducidad". "Quisiera que la sesión de investidura sirviera para enviar un mensaje de esperanza", pidió. Y, aunque hay "obstáculos, debemos dialogar y escuchar a todos, por minoritarios que sean". "No sé si lo conseguiré", admitió, "pero sí voy a intentar gobernar para todos. Ese es mi compromiso".

En materia lingüística, negó ser "prisionero de ningún dogma". "No tengo más normas que las de la mayoría: la libertad lingüística", por eso es necesario conciliar "normalización y libertad". La lengua, razonó, "no es propiedad de nadie, sólo los gallegos son sus dueños". Y aunque subrayó que el gallego "no es propiedad de la minoría; es de todos o, en todo caso de las mayorías", ofreció diálogo y acuerdo y se lo pidió expresamente "a los nacionalistas". "El idioma se defiende con amabilidad" y gallego y castellano son como las "dos piernas". "Las necesitamos para caminar y yo no voy a mutilar a nadie", dijo.

Más tarde, en su última réplica, insistió en esta oferta. "Intentaremos un acuerdo en torno a la lengua". Y si hay consenso en torno al derecho de los padres a ser consultados, a la necesidad de una enseñanza trilingüe y se respeta el derecho de los alumnos a expresarse y examinarse en el idioma que prefieran, "llegaremos a un acuerdo". En cuanto al Estatuto, se limitó a repetir las condiciones que expresó en su discurso del martes: la Constitución y lo que digan los tribunales sobre la reforma estatutaria de Cataluña.

Minutos antes, Leiceaga le había felicitado por mantener la prohibición provisional de construir en la costa. El portavoz socialista pidió, sin éxito, que Feijóo se comprometiera a construir un nuevo consenso en torno a la lengua a partir del que ya existe (el vigente Plan de Normalización aprobado con el apoyo del PP en 2004) y le propuso retomar la reforma del Estatuto en el seno de una comisión parlamentaria y a partir de los acuerdos pactados en la anterior legislatura, que representaban el 80% del articulado. La Ley de Cajas, añadió, que los tres partidos quieren reformar, también debería ser objeto de un pacto.

Aymerich había señalado su voluntad de acoger "de verdad" la oferta de diálogo. Le pidió, no obstante, que actúe "de buena fe", que no diga "una cosa aquí y otra en Madrid" y que no sacrifique los intereses de Galicia a los de Valencia y Madrid. En materia lingüística pidió a Feijóo que, si lo que desea es construir un nuevo consenso, explique si quiere derogar la Ley de Normalización Lingüística o el Plan de Normalización, normas aprobadas por unanimidad. "Ese consenso sigue siendo válido y son ustedes quienes deben volver a él", pidió.

En relación con la crisis, se mostró a favor de "trabajar juntos", tal y como propuso Feijóo, pero lamentó que el PP no diga "en qué dirección". "Yo le invito a construir un modelo social más justo, sostenible equilibrado. En tiempos más duros", recordó en referencia a la posguerra europea, "la derecha hizo suyo el Estado del Bienestar; usted haría bien liberándose de dogmas". "Si quieren diálogo", concluyó, "nos encontrarán en el camino".

Pese a estar cargadas de escepticismo, las apelaciones al diálogo hicieron olvidar algunos de los reproches de la mañana, como cuando Aymerich echó en cara a Feijóo ser un candidato "patrocinado" por los empresarios, que ha ganado las elecciones subido a "un caballo de mentiras". O como cuando tanto el portavoz del Bloque como Leiceaga le exigieron la destitución de Agustín Hernández, el diputado que supuestamente ha incumplido la ley de incompatibilidades y al que fuentes del PP sitúan a partir del domingo al frente de la Consellería de Política Territorial.

El candidato negó las acusaciones de falta de concreción en su discurso y recordó que había hecho 174 propuestas. Aludió a la "doble reprobación" recibida por el bipartito, primero en las urnas y después por boca de los dirigentes del PSdeG y del BNG e insistió en la descripción negativa de la situación económica. Para que un país avance, aseguró, necesita "la verdad". "Gobernar no es adular a la ciudadanía; por eso intenté decir la verdad, llamar a la unidad y ser consecuente". "No tengo patrocinadores", replicó a Aymerich. "Ni de empresas eléctricas, ni de eólicas ni de constructoras, sólo de las 800.000 personas que nos han votado".

Para allanar el camino al diálogo, el candidato subrayó su "agradecimiento explícito y sincero" a Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana, "dos dignos diputados" que intentaron conseguir "una Galicia mejor" y que son "parte ya del patrimonio"· de la comunidad autónoma.

Desafiando las críticas que recibió por haber coronado su discurso del martes con una apelación a Dios (opiniones que atribuyó al "pudor laicista") y aunque admitió que la situación actual "no se parece" a la que dio lugar a la expresión latina, reivindicó la vigencia del lema Deus fratesque Gallaecia y volvió a pronunciarlo para invocar la lucha "por una Galicia mejor".

La votación final arrojó un resultado de 38 votos a favor (los del PP) y 36 en contra (los de PSdeG y BNG; faltó por enfermedad un diputado socialista) que convirtieron ayer al candidato del PP en el cuarto presidente de la Xunta de Galicia.

Después llegaron los aplausos, la felicitación del presidente en funciones, Emilio Pérez Touriño, y los saludos en los pasillos y en la tribuna de invitados a familiares, amigos y dirigentes políticos. Hoy será el turno de la presidenta del parlamento, Pilar Rojo, responsable de entregar el resultado de la votación al Rey. Y mañana será, de nuevo, la hora de Alberto Núñez Feijóo, protagonista absoluto de la ceremonia de toma de posesión.

Emilio Pérez Touriño saluda al presidente electo, Alberto Núñez Feijóo, en medio de los aplausos de los diputados del PP.
Emilio Pérez Touriño saluda al presidente electo, Alberto Núñez Feijóo, en medio de los aplausos de los diputados del PP.A. IGLESIAS

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