La patronal italiana pide ayuda para salvar miles de empresas

Berlusconi replica que la crisis actual no es dramática

La crisis ha llegado a Italia. El país europeo que parecía mejor preparado para afrontar la tormenta perfecta empieza a emitir señales de deterioro acelerado. El desempleo crece a niveles de los años ochenta, la producción cae con picos del 30%, miles de pymes no encuentran crédito, y el Gobierno tiene las manos atadas por una deuda gigantesca, que aumentó en 2008 hasta el 105,8% sobre el PIB. En enero batió el récord de 1,7 billones de euros.

"La crisis es real y hace falta dinero real", afirmó el sábado Emma Marcegaglia, presidenta de la patronal italiana, Confindustria. La frase era una obvia referencia al primer ministro, Silvio Berlusconi, que en los últimos meses ha seguido una línea negacionista ante la crisis, y que ha achacado el creciente clima de desconfianza al "alarmismo de los medios que inflan las cosas". A su juicio, "la crisis es grave, pero ni mucho menos dramática".

Confindustria dice que el Estado debe a las empresas 50.000 millones

Marcegaglia le replicó el sábado que el país está ante "una emergencia realmente dramática", y no ante una boutade mediática, y reclamó al Gobierno acciones urgentes. "Basta de promesas", dijo. "No queremos subsidios, pero necesitamos oxígeno para sobrevivir a la tempestad. Los campeones que exportan el Made in Italy están en peligro".

La patronal exige un fondo de garantía de 5.000 millones para las pymes, el arranque inmediato de las obras públicas anunciadas, "incluso las más pequeñas", y un plan de desgravaciones fiscales. El Gobierno ha puesto en marcha un plan de infraestructuras que ha valorado en 16.000 millones, y ha asegurado que acometerá incluso la obra del puente de Messina, prevista desde hace tres décadas.

Pero el dinero no acaba de llegar, y los datos de Confindustria hablan claro. Hay miles de pymes en apuros porque el 10% no encuentran créditos y un tercio tienen dificultades para obtenerlo. El Estado debe a las empresas más de 50.000 millones atrasados que no paga. Y los prudentes bancos italianos cobran a las empresas tasas más caras que sus paisanos europeos.

Al mismo tiempo, el desempleo ha aumentado en los dos primeros meses de 2009 un 46% respecto al 2008, con 370.000 nuevos parados; y las empresas recurren a los ERE temporales un 553% más que el año pasado.

La crisis, que empezó a asomar por el sur (la fábrica de Fiat en la periferia de Nápoles, que emplea a 5.000 trabajadores, está al 20% de su actividad y arriesga el cierre), se ha extendido a todo el territorio: en el próspero norte se pierden en este momento el 70% de los puestos de trabajo. Las órdenes del textil cayeron en el primer bimestre un 30%; muebles y metalurgia un 20%, y las ventas de coches se hundieron un 50%, aunque han remontado con el plan de ayudas.

La deuda pública ha subido tanto por culpa sobre todo de la evasión fiscal, que creció un 5%. Y el Banco de Italia ha revisado a la baja todas sus cifras. El PIB, que cayó en el cuarto trimestre un 2,9%, cederá el 2,6% este año.

Molesto con el Banco de Italia por avanzar previsiones "catastrofistas", enfrentado al sindicato mayoritario y todavía inmune políticamente a la crisis, Berlusconi deberá responder con hechos. El viernes aprobará un plan para construir 5.000 viviendas populares. Pero el descontento crece, y los comedores de Cáritas están cada vez más llenos.

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