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Reportaje:25ª jornada de Liga

Robben renuncia a su estilo

El extremo del Madrid dejó de regatear porque se lo pidieron Raúl y Juande

A Robben le dijeron que para seguir siendo titular en el Madrid tenía que reprimirse un poco. En Montjuïc fue titular. Pero fue menos Robben.

El extremo, fichaje estrella del ex presidente Ramón Calderón, pasó de hacer una media de diez regates por partido a intentar sólo dos contra el Espanyol. De pronto, el hombre más individualista de la Liga, el más driblador después de Messi, se convirtió en un desprendido. Un delantero que antes de intentar el engaño en el uno contra uno buscaba compañeros a su alrededor para hacer la entrega. El cambio que tanto había reclamado una parte del vestuario se concretó casi de la noche a la mañana. La victoria (0-2) consagró la modificación. Previamente, el viernes, el entrenador madridista, Juande Ramos, le lanzó otro aviso en público. Esta vez, más claro que los anteriores: "Sin Robben, jugamos mejor".

Después de la derrota contra el Liverpool (0-1), el miércoles, el vestuario del Madrid se convirtió en un horno. El Madrid es un equipo en el que las jerarquías dominantes están bien definidas. En la pirámide se sitúa Raúl, líder indiscutible de la plantilla y del club. El organigrama es claro. El que contradice a Raúl, el que no juega como él pide, es llamado a capítulo. Desde hace años, los técnicos lo repiten con cada canterano cuando sube al primer equipo: "Tú mira a Raúl".

Robben no es un canterano. Ha tardado un año y medio en mirar al capitán y en escucharle. Después de perder contra el Liverpool, el hombre que se sentó en el banquillo de los acusados fue el holandés. El cargo: ser un chupón.

Raúl no fue el único acusador. El capitán se puso al frente de una larga lista de jugadores del Madrid que avalaron su posición. Ramos e Higuaín estuvieron entre los más destacados. Todos consideraron que Robben debía levantar más la cabeza en vez de obcecarse en trasladar el balón. Hasta ese momento, el extremo pensó que su cometido consistía en eso. En jugársela por su cuenta cada vez que recibía una pelota. "Cada uno tiene una responsabilidad", solía decir el muchacho, "y la mía es regatear. ¿Que me arriesgo a perder la pelota? De eso se trata. Es mi trabajo".

En el vestuario del Madrid se acumularon los jugadores cada vez más disgustados con la actitud de Robben, al que señalaron por mirar más a la tribuna que al equipo y por empeñarse en jugar a la derecha porque desde allí podía empezar y terminar las jugadas él solo, regateando hacia adentro y con un remate a portería.

Desde que existen este tipo de futbolistas, los extremos, se caracterizaron por eso. Por su especial conexión con el público, por su ensimismamiento egocéntrico y por su excentricidad. Robben es uno más en la cadena evolutiva que conectó a Garrincha con Juanito. Él entiende que su prestigio pasa por ser fiel a sí mismo. Pero desde Montjuïc ya sabe que, si quiere seguir siendo titular en el Madrid, debe controlar sus impulsos naturales. Eso es lo que quiere media plantilla. Se lo piden Raúl y el entrenador.

La represión de Robben fue un paso más hacia la construcción de un equipo que cada jornada se parece más a lo que quiere Raúl. El capitán, que suma 14 goles en la Liga y abandera una racha de diez victorias sucesivas en el campeonato, ha colectivizado el último rincón en el que gobernaba el individualismo.

La estadística del Espanyol-Madrid reveló que Robben le tuvo más miedo a la ley de su propio vestuario que a las patadas del rival. Los defensas contrarios nunca le acosaron. La versión del Espanyol que afrontaron los madridistas fue mucho más ligera que la que acudió al Camp Nou. El sábado, los jugadores de Pochettino hicieron 12 faltas. Contra el Barça cometieron 23. Sólo una tuvo como destinatario a Robben, que, habitualmente, sufre más de dos por partido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de marzo de 2009