Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Trasplante de museo

Todo listo para la apertura del Museo del Ejército en Toledo

La gran mole del Alcázar de Toledo, erguida sobre la atalaya más alta de la ciudad, presenta a a los pies de su fachada norte un edificio de nueva planta: el futuro Museo del Ejército. Ha sido construido dentro de la caja abierta tras excavar un potente escarpe rocoso. El nuevo edificio está conectado por dentro con el gran recinto histórico.

Sus salas de nueva construcción y las rehabilitadas dentro del Alcázar, mostrarán al público a fines de este año, según prevén fuentes del Ministerio de Defensa, una quinta parte de sus 23.000 fondos. Éstos han sido trasladados pieza a pieza desde el Museo del Ejército, que ha permanecido en Madrid durante dos siglos. El ala del antiguo palacio del Buen Retiro que ocupaba en la calle de Méndez Núñez, se incorpora a los circuitos didácticos y de investigación del Museo del Prado.

Hasta 5.000 fondos serán mostrados al público en un relato didáctico

Los madrileños han sido reacios al traslado, intentado ya en 1929 y 1964

El ala del palacio del Buen Retiro se incorpora a los circuitos del Prado

Miles de objetos de alto valor histórico han viajado durante seis años hasta la capital toledana, salvo unas decenas de piezas de artillería, de las 400 con las que cuenta su colección, que aguardan en Madrid su traslado. Todo está a punto para una inauguración acariciada oficialmente desde hace cinco años.

Las obras acometidas en Toledo han ganado por adición o rehabilitación hasta 40.000 metros cuadrados de superficie edificada según el proyecto de Francisco Fernández Longoria y Dionisio Hernández Gil, que ganaron el concurso público convocado hace una década para insertar el museo madrileño en el Alcázar. Su propuesta, que data de 1999, consistió en limar mediante una honda excavación el terreno echadizo acumulado durante cuatro siglos sobre el escarpe que asienta la fachada norte del Alcázar. En ese espacio fue abierta una gran caja de 60 metros de longitud por 30 metros de anchura y 24 de profundidad. Luego, se construyó una edificación escalonada en cinco niveles con fachada estratificada sobre tres planos que contiene el área nueva del museo, cuyo circuito se adentra en el edificio histórico y ocupa dos de las principales plantas del Alcázar. Las superiores pertenecen a la Biblioteca de Castilla-La Mancha.

Un espacio de acogida recibe al público tras sortear una entrada bajo el lema "Museo del Ejército", al que se accede por la calle de los Alféreces Provisionales, no lejos de la toledana plaza de Zocodover. Guardarropía, servicios y biblioteca se distribuyen en este nivel de acceso conectado a talleres de restauración y otros específicos. Comienza entonces para el visitante la posibilidad de contemplar las ruinas halladas durante la excavación, integradas por Longoria y Hernández Gil en su proyecto, y que componen una secuencia tectónica de la historia de España, en cuyo estudio ha trabajado el arqueólogo y especialista en islam Juan Zozaya.

Bajo la plataforma de la fachada norte del Alcázar, donde desfilaban sus cadetes durante el siglo XIX, han sido hallados vestigios de una fortificación que data del siglo IV antes de Cristo. Hay asimismo restos de una muralla utilizada durante el reinado de Abderramán I, entre 756-788 de nuestra era, así como trazas de unos jardines colgantes, dispuestos en bancadas, presumiblemente los primeros de los que queda memoria en la Península, que fueron allí trazados bajo el reinado de Al Hakim, hijo de Abderramán, para ocultar una cantera de la cual se tomaron los elementos pétreos con los que fue fortificado el enclave. Otro de los hallazgos bajo el escarpe norte del Alcázar ha sido un salón amplio, que data de la etapa de la Reconquista. Asimismo, han aparecido dos lienzos, uno bajo el Arco de la Sangre y otro más hacia el este, de la segunda muralla que unía la construcción propiamente militar con el palacio, que los arqueólogos creen que estuvo situado a la altura del Hospital de Santa Cruz. De la etapa de los Trastamara, en el siglo XIV, ha sido hallado un aljibe que servía para afrontar los asedios. Y una cisterna de la época romana ya está lista para su exhibición en el circuito visitable.

En los 16.000 metros cuadrados de espacio expositor del futuro recinto cultural se mostrará al público un relato didáctico de la historia de España a través de sus ejércitos. Cinco rutas y 11 salas, temáticas ambas, más otras siete salas específicas, compondrán la propuesta museográfica, encomendada al equipo dirigido por Ignacio Vicens, catedrático de la Escuela de Arquitectura de Madrid, formado por Ramón Basols, encargado de la museografía, y Manuel Estrada, responsable de la apuesta gráfica, con su singular logo.

Las salas temáticas incluirán desde armas artilleras de gran calibre, a las armas blancas y de fuego, uniformes, fotografías, maquetas y miniaturas, más la miscelánea del legado Romero-Ortiz. Las siete salas históricas han sido divididas en una dedicada a la Monarquía hispánica, desde los Reyes Católicos hasta los Austrias; los primeros Borbones; Revolución-Estado liberal; la Restauración; la sala denominada Crisis del siglo XX; el Ejército actual, con especial atención a las misiones de paz de las Fuerzas Armadas de España en escenarios pluricontinentales y una sala más, con muestras del patrimonio etnográfico acopiado a lo largo del imperio español en Iberoamérica y Extremo Oriente.

El traslado del Museo del Ejército a Toledo, ya intentado en 1929 y en 1964, por los generales Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco, sin éxito, fue contestado desde hace una década por medios vecinales e institucionales madrileños, reacios a que Madrid ceda el que consideran como uno de los museos de historia militar más importantes de Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de marzo de 2009