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Crítica:LIBROS | Ensayo

Entre el silencio y la destrucción

José Lázaro reconstruye todas las caras de Luis Martín-Santos y las trastiendas de la España siniestra de la dictadura en una biografía del autor de Tiempo de silencio. Es un libro que, a través de decenas de testimonios, traza el perfil de un hombre de personalidad arrolladora

"Resolver el pasado es un empeño idiota. ¿No es mejor que los muertos se acostumbren a estar muertos?". Esa afirmación y la amenazadora pregunta que la apuntala las escribió Luis Martín Santos en la que iba a ser su segunda novela, Tiempo de destrucción, y las conoce perfectamente su biógrafo, José Lázaro, pero a pesar de ello se ha atrevido a indagar la vida del novelista y a publicar este libro, Vidas y muertes de Luis Martín-Santos, en el que lo primero que sorprende es el doble plural, porque tal vez sea posible cambiar de vida, pero ¿se puede tener más de una muerte? No, pero puede haber varias versiones o sospechas al respecto cuando uno muere como lo hizo Martín-Santos, en un accidente de tráfico, y lo rodean unas circunstancias como las suyas: unos dijeron que se había matado intencionadamente, porque cuando su coche se estrelló contra un camión, en Vitoria, su mujer acababa de morir también, en circunstancias tan extrañas que nunca se supo si se trató de un suicidio o de un accidente; otros creyeron que se trató de un crimen, y que los servicios secretos del franquismo lo habían eliminado por su militancia en el PSOE... Las pesquisas llevadas a cabo por su biógrafo demuestran que no ocurrió ninguna de las dos cosas. Simplemente, Martín-Santos había dormido poco y había bebido mucho la noche anterior, y aunque resulta obvio que estaba deprimido y que en él había una cierta tendencia a la autodestrucción, también queda claro que no fue un suicida, sólo un imprudente.

Vidas y muertes de Luis Martín-Santos

José Lázaro

XXI Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Tusquets. Barcelona, 2009

437 páginas. 25 euros

Aquel accidente fue otra sombría carcajada del destino, por definirlo con la primera frase de Tiempo de destrucción, la novela que no pudo concluir. En 1962, a los 38 años, Martín-Santos era un hombre envidiable, feliz en su matrimonio, con tres hijos que lo adoraban y con éxito tanto en su profesión de médico como en su vocación de escritor, pues dirigía el Sanatorio Psiquiátrico de San Sebastián y el triunfo de Tiempo de silencio, publicada año y medio antes, había sido fulminante. Pero en marzo de 1963 murió su esposa, Rocío Laffon; y él, en enero de 1964. El camino entre todo y nada es corto y, a veces, no tiene regreso.

Desde el punto de vista de la investigación, Vidas y muertes de Luis Martín-Santos es un trabajo magnífico, porque José Lázaro ha conseguido los testimonios de algunas de las personas que compartieron la vida privada, profesional y pública del escritor, desde sus hijos, su hermano y sus amigos íntimos hasta su empleada doméstica, pasando por sus colegas tanto en el ámbito de la medicina como en el de la literatura, su editor, sus compañeros de farra, su abogado o los principales estudiosos de su obra; y con todo ello ha armado un retrato de Martín-Santos que lo rescata de sus misterios a base de reunir decenas de opiniones sobre cada episodio de su vida para sacar, al final, la conclusión más lógica en cada caso. Por ejemplo, tras leer las diferentes descripciones de su accidente queda claro que no pudo ser más que eso, un accidente: nadie se suicida con su padre y un amigo dentro del coche. Del mismo modo, después de conocer los testimonios de sus compañeros de militancia política, la mayoría de los lectores se asombrará al descubrir la importancia que llegó a tener Martín-Santos dentro del PSOE, hasta el punto de que algunos pensaban en él como su futuro secretario general. Las detenciones, los encarcelamientos que sufrió y la vigilancia a la que lo tenían sometido terminaron por cansarlo.

Vidas y muertes de Luis Martín-Santos habla de eso y de todo lo demás: del suicidio de su mujer; de sus planes y sus métodos como autor de ficción y como ensayista; de los golpes bajos que tuvo que sufrir a lo largo de su carrera, incluidas las irregularidades que lo privaron de sacar alguna que otra oposición; de las opiniones a favor y en contra que suscitó Tiempo de silencio, que defendieron apasionadamente Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral o Carmen Martín Gaite y despreciaron otros, como su íntimo amigo Juan Benet; de sus visitas a la comisaría y de los interrogatorios que le hicieron, porque cada testigo no sólo cuenta lo que vio, sino lo que el propio Martín-Santos les contó acerca de lo que no habían visto, o lo que otros les contaron porque él se lo dijo... Algunas partes de su vida parecen incongruentes entre sí, porque se trataba de un ser de naturaleza heterogénea, pero la imagen completa resulta nítida: Martín-Santos fue un hombre de personalidad arrolladora, vitalista, seguro de sí mismo, de una inteligencia deslumbrante, a menudo ácido en su sarcasmo, siempre analítico y, cuando la ocasión lo requería, valiente. Un líder nato. Reconstruir todas las caras de su carácter y los escenarios a menudo clandestinos en los que se movió, que fueron las trastiendas de aquella España siniestra de la dictadura, es el gran acierto de este libro.

Más discutible puede ser el estilo por el que ha optado Lázaro para contarnos la fulgurante vida de Luis Martín-Santos, porque las innumerables entrevistas que forman la historia quieren dar la sensación de naturalidad, reproducen las expresiones más espontáneas de los testigos y eso llena el texto de detalles innecesarios. La prosa no es el habla, y confundirlos es peligroso. Tampoco ayuda mucho la decisión del autor de referirse a sus personajes y a sí mismo en tercera persona, llamándose teatralmente "el inquiridor" y a algunos de ellos "el amigo", "el cineasta", etcétera, lo que unas veces confunde al lector y otras lo irrita porque lo distrae.

En cualquier caso, Vidas y muertes de Luis Martín-Santos es un poderoso acercamiento a la vida del autor de Tiempo de silencio, y la historia que cuenta resulta siempre sugestiva y por momentos apasionante. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de febrero de 2009

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