Cartas al director
i

Teléfonos en el AVE

Soy viajero frecuente del AVE Barcelona-Madrid y ahora mismo estoy lanzado a 300 kilómetros por hora rodeado de tres individuos vociferantes que despachan por teléfono, sin pudor alguno, temas del niño, de la abuela, de Jordi y hasta del cliente que no paga o el jefe que es un inepto. Encadenan temas banales y trascendentes, y tienen además el timbre del teléfono puesto en modo ring y volumen máximo, ya que, entre unos y otros, si lo tuvieran más bajo no se enterarían de la llamada.

En fin, que estoy harto. Harto de esa falta de respeto generalizada, harto de despertarme sobresaltado por melodías variopintas, harto de enterarme de los problemas de los demás.

Pero lo que más me cabrea no es la mala educación. Lo que más me cabrea es que yo sea incapaz de levantarme de mi asiento y decirle a mi vecino del 11-A que haga el favor de ir a hablar al rellano del vagón, sabiendo que me ampara la razón y la cordura.

Estoy enfadado, pero no con el mundo, sino conmigo mismo y mis estúpidas represiones sociales y cobardía que hacen que a lo único que puedo aspirar es a escribir esta queja al diario con la vaga esperanza de verla publicada, y que si alguien la lee y la comparte sea capaz, él o ella sí, de levantarse del asiento y decirle al del 11-A que nos respete a todos los demás.

Desde el AVE, volviendo a Barcelona a las 22.30.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 20 de febrero de 2009.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50