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"Ni coches ni edificios, sólo parque", piden los vecinos

"Ni coches ni edificios, sólo parque en la cornisa". Este era el lema pintado sobre una de las numerosas cartelas colocadas en sus balcones por vecinos de las calles contiguas al seminario conciliar de Madrid, donde el Arzobispado persigue instalar su proyecto de Ciudad de la Iglesia.

Los vecinos de la zona han seguido una lucha de una década para impedir la aplicación de este plan puesto que consideran que ese paraje constituye un patrimonio verde perteneciente al pueblo de Madrid, a un suspiro de Las Vistillas, emblema de la fiesta madrileña y detrás de una iglesia que acumula tantos tesoros artísticos como la de San Francisco el Grande. El movimiento vecinal reivindica la calidad medioambiental del lugar, un desnivel de inclinada pendiente arbolado por centenares de chopos de tronco gris plata, que en Madrid se asocian a los parajes frescos y que si el proyecto culmina, presumiblemente acabe con gran parte de ellos.

Además, las reivindicaciones vecinales incluyen lo que los expertos denominan un bien intangible, como el del paisaje, que confiere a Madrid su personalidad a lo largo de la historia gracias a la singularidad del enclave. El talud sobre el que la cornisa se cierne es un valladar geológico especialísmo que ha determinado desde la calidad defensiva de Madrid, en esta área naturalmente amurallada por tal promontorio, hasta el emplazamiento de los centros de poder, el trono -Palacio Real-, el sable -palacio del Duque de Uceda, antiguo edificio de capitanía- y el altar, la catedral de La Almudena. "Lo tremendo de esta historia de la cornisa es que las autoridades desconozcan que el paisaje forma parte de la vida de la ciudad", se lamenta Marta, vecina de la calle del Rosario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de febrero de 2009