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Necrológica:

Jorge Reyes, músico y compositor mexicano de raíces ancestrales

Se quedó dormido el sábado pasado en su estudio casero de México DF, en el barrio de La Condesa, y no volvió a despertar. La inesperada pérdida del compositor Jorge Reyes, a los 57 años recién cumplidos, ha conmocionado a la comunidad musical mexicana y a colegas españoles como el productor Suso Saiz. A él le había remitido su último correo electrónico, proponiéndole intensificar sus colaboraciones para este 2009, justo antes de que le venciera el sueño eterno.

Sus amigos velaron el cuerpo de Reyes tendiéndole una alfombra de pétalos y dedicándole interpretaciones de tambor y flauta de barro, dos de los instrumentos ancestrales que contribuyó a difundir.

Había nacido en Uruapan (Michoacán) a principios de 1952 y pronto despuntó como una de las mentes más inquietas de la Universidad Autónoma de México. Estudió flauta travesera en la ciudad, pero luego viajó a Alemania para empaparse de jazz y electrónica (el grupo Tangerine Dream siempre figuró entre sus debilidades) y a India para dejarse atrapar por la fascinación de la música hindú y tibetana.

En los ochenta fundó junto a Armando Suárez el grupo Chac Mool, pionero en la integración del rock progresivo con instrumentos prehispánicos como el teponaztle, formado con caparazones de caracol y tortuga. Suso Saiz lo conoció poco después, cuando Reyes le entrevistó en Madrid para el periódico Uno más uno. "Nos pusimos a hablar de música y a los pocos meses ya estaba tocando con él en México", recordaba ayer. Juntos grabaron y firmaron a medias el álbum Crónica de castas (1990), donde proclamaban su fe en la integración de los sonidos ancestrales, las voces guturales y la música contemporánea. Un año más tarde llegaría Bajo el sol jaguar, producido por Saiz en Alemania y máximo exponente del talento de Reyes, con 26 discos en solitario.

El compositor mexicano siguió reivindicando las culturas mesoamericanas con iniciativas como sus conciertos del Día de Muertos en la UNAM. Allí, caracterizado como un jaguar, invocaba los principios sagrados de las culturas antiguas. Tras algunos años sin colaborar con su gran aliado hispano, Reyes recuperó en 2008 el contacto con Saiz y le invitó a compartir escenario con él en dos eventos de relieve, el Festival Internacional de Zacatecas y la Cumbre Indigenista de El Tajín, una zona arqueológica precolombina que figura como Patrimonio de la Humanidad.

"Jorge era un jaguar, un toro", repetía ayer Suso Saiz. "Tiraba mucho de energía, pero a veces los más fuertes son los primeros en romperse. Perdemos a un hombre de importancia brutal, nadie como él supo introducir en México el sentimiento de la vanguardia europea".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de febrero de 2009