Cosa de dos
Columna
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Quiebra

Atención, señores: la industria televisiva está en quiebra. No lo digo yo, sino un experto. Lo dice Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco. Entrevistado por el diario El Mundo, Vasile proporciona una novedosa definición de quiebra: "Los que ganaban mucho, ganan; los que ganaban poco, pierden; los que estaban perdiendo, pierden mucho. Por eso digo que este sector está técnicamente en quiebra". Yendo al detalle, cabría recordar que Telecinco ganó 319 millones de euros en 2007, y que en los nueve primeros meses de 2008 ganó solamente 228 millones. La ruina es evidente.

Hay algo que caracteriza a todas las empresas de comunicación españolas: en cuanto su margen de beneficio baja del 20%, consideran que la situación resulta intolerable y que el Gobierno debe hacer algo con la máxima urgencia. Vasile tiene las cosas clarísimas. Primero, exige que RTVE deje de emitir publicidad, aunque lo deseable, según él, sería que no existiera televisión pública. Segundo, exige que se deje de cobrar a las televisiones privadas el 5% sobre beneficio bruto que se destina a la financiación de cine español. Bien, es un punto de vista.

Telecinco aceptó toda una serie de condiciones (las que ahora le parecen oprobiosas a Vasile) cuando, tras la ley reguladora de 1988, obtuvo del Gobierno una concesión para la explotación comercial de una televisión. Por supuesto, Telecinco y su principal accionista, Silvio Berlusconi, han estado forrándose, literalmente, durante las dos pasadas décadas. Pero eso no cuenta, ni para Telecinco, ni para Antena 3, ni para PRISA, ni para nadie. El dinero que se ganó ya no existe y a los señores propietarios, los grandes accionistas, les resulta inconcebible que en tiempos de crisis pueda ser necesario encajar pérdidas.

Lo de las televisiones públicas, la española y las autonómicas, y su capacidad para quemar dinero del contribuyente, es otro asunto. Como la afirmación de Vasile de que "es falso que Telecinco haga televisión basura". No hablamos hoy de esos disparates, sino del lloriqueo de una clase empresarial bulímica. Y si el sector está en quiebra, pues se hace lo normal en estos casos: se liquida, se concede licencia a nuevos operadores y a vivir, que son dos días.

egonzalez@elpais.es

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