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Necrológica:

Pablo Porta, un fajador indomable del fútbol

Un real decreto puso fin a su mandato de nueve años en la federación

Pablo Porta Bussoms, presidente de la Federación Española de Fútbol durante nueve años, entre 1975 y 1984, falleció ayer en su ciudad natal, en Barcelona, a los 85 años, a causa de un cáncer. Porta es una referencia y un símbolo del fútbol de esos años, removido por los cambios de la transición política. Su trayectoria está marcada por los cargos de dirigente deportivo, tanto en el ámbito nacional como internacional.

Simpatizante y ex directivo del Espanyol, Porta llegó a la presidencia de la federación española después de encabezar durante 11 años (1964-1975) la federación catalana. Pero antes que por el fútbol se inclinó por otro deporte, el boxeo, en el que destacó logrando el campeonato universitario de los pesos medios en 1943, lo que le facilitó llegar a la presidencia de la federación catalana de la especialidad. Su paso por los cuadriláteros le permitió adquirir talante de fajador indomable en los debates y conferencias de prensa. En su tiempo no se llevaban los jefes de prensa, pero él no lo hubiera necesitado.

Fue miembro de la ejecutiva de la FIFA y de la comisión jurídica de la UEFA

Porta nació en Barcelona el 17 de noviembre de 1923. Realizó estudios de derecho en la Universidad de Barcelona, de la que llegó a ser profesor de derecho internacional. Durante su trayectoria universitaria fue cinco años jefe del Sindicato Español Universitario (SEU) de Cataluña y Baleares. Ejerció de pasante de abogados especializados en derecho mercantil y consejero, secretario y presidente de 10 sociedades de distinto tipo: hoteleras, textiles, inmobiliarias, fábricas, bancos...

Tuvo su vida profesional resuelta económicamente y no necesitó cargos deportivos remunerados para sobrevivir, aunque ahora los tiempos han cambiado y los presidentes de las federaciones son profesionales a sueldo. Fue un peso pesado e influyente en la Federación Española de Fútbol desde que en 1967 accedió a su vicepresidencia, debido a encabezar la federación catalana. En 1975 alcanzó la presidencia de la federación española, en sustitución del ex futbolista José Luis Pérez Payá. Fue designado para el cargo por el ministro secretario general del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor. Entonces estos cargos se otorgaban a dedo.

Las urnas llegaron un año después. En diciembre de 1976, la Federación Española de Fútbol celebró sus primeras elecciones democráticas. Porta se impuso como candidato único. Tenía la cosecha bien sembrada. Nadie osó hacerle sombra. La historia se repitió cuatro años después. En noviembre de 1981 abordó su tercer mandato también como candidato único, pero no lo completó. Los dirigentes futbolísticos se resistían a despedirle a pesar de los tiempos convulsos que se vivían -la separación del fútbol profesional (nació la Liga Profesional); la guerra del fútbol televisado, que llevó a los aficionados a dos años sin este deporte en la pequeña pantalla; tres huelgas de futbolistas; el Mundial de 1982 organizado por España, con desastre deportivo incluido; unos clubes con campos nuevos o remodelados, pero que soportaban unas deudas que aún hoy arrastran...- y el Gobierno de Felipe González tuvo que echar mano de un real decreto para obligar a que Porta se marchara a su casa.

El conocido decreto anti-Porta estableció que un presidente no podía estar al frente de una federación durante más de dos mandatos. Lleva esa denominación porque su único objetivo era claro: acabar con Porta. Ahora, lograda la pieza, el decreto es sólo historia y el actual presidente de la federación, Ángel María Villar, acaba de iniciar su quinto mandato después de 20 años ininterrumpidos en el cargo. Lo que a Porta se le negó en España, el dirigente catalán lo saboreó en el escalón más alto posible en el ámbito mundial. Fue miembro de la comisión ejecutiva de la FIFA, el máximo departamento del organismo del fútbol mundial. También perteneció a la comisión jurídica de la UEFA.

Mantuvo todos sus numerosos cargos futbolísticos internacionales mientras su sucesor en la presidencia de la federación española, José Luis Roca, ostentó el cargo. Roca fue aupado por los presidentes de las federaciones autonómicas, opositoras a Porta, pero acabó decantándose por el continuismo de éste y firmó su sentencia. Le sustituyó en 1988 Ángel María Villar.

Al actual presidente de la federación española, Porta no le mereció confianza y no respaldó su candidatura para ser reelegido en 1990 miembro del comité ejecutivo de la UEFA, cargo que conllevaba su presencia en el de la FIFA, organismos a los que Villar pertenece en la actualidad. La FIFA, como recompensa al trabajo de Porta, le nombró entonces miembro honorario vitalicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de enero de 2009