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Cosa de dos
Columna
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Decibelios

Enric González

Un par de horas después del discurso inaugural de Barack Obama, un amigo, alto directivo de una empresa televisiva, me llamó por teléfono. Me dijo algo parecido a lo siguiente: "Estoy viendo la ceremonia en CNN; los locutores llevan más de cinco minutos sin hablar, y es fantástico". Mi amigo, un hombre inteligente, tenía razón. En realidad, estaba echando un vistazo al futuro inmediato. Incluso en algo tan convencional como CNN empieza a entreverse lo que viene.

El negocio de la información atraviesa (reconversiones industriales al margen) una situación no muy distinta a la que vivió la música popular, lo que llamamos pop-rock, entre 1975 y 1980. El lector medianamente veterano recordará la extraordinaria pesadez de todo aquello: los discos conceptuales, las canciones de 15 minutos, la reiteración hasta la náusea, los finales inacabables, y, encima, la desvergüenza con que unos músicos más o menos embrutecidos por los excesos y ahogados en dólares lanzaban consignas supuestamente provocadoras.

Se sabe cómo acabó el latazo sinfónico. Irrumpieron unos tipos sin técnica ni sentido, gente como los Sex Pistols y sus herederos, y acabaron en dos patadas con los dinosaurios. ¿Por qué? Porque los dinosaurios aburrían y no eran creíbles. Cualquier alarido espontáneo, cualquier enunciado simple y de aspecto sincero, era más agradecido que aquella sofisticada tabarra sinfónica e industrial. Parte de esa murga musical vuelve ahora a hacer giras, pero como subproducto industrial, como caricatura o como vestigio arqueológico. Ninguna importancia.

Las televisiones dedicaron horas a la ceremonia de Washington: correcto. Las rellenaron de comentarios obvios, de exclamaciones, de retruécanos, de signos de admiración: incorrecto. Lo mismo que los periódicos: ¿de verdad hacían falta tantas páginas para insistir en lo evidente?, ¿tanta necesidad tiene el cliente de que le griten al oído que algo es importante? El punk de los blogs y las redes suena ya en el subsuelo. El mundo conversa electrónicamente. Nosotros, la vieja industria, seguimos entretenidos subiendo los decibelios.

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