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La división interna del PP contagia al PSOE de Madrid

La rocambolesca sesión de la comisión de control de ayer tiene poco o nulo contenido económico, como correspondería a una gran institución financiera, y un clarísimo trasfondo político. La ruptura en dos bloques y la sucesión de traiciones y combates en las últimas semanas ha dejado en evidencia la batalla interna por el poder que se vive en el PP, con Esperanza Aguirre y sus fieles por un lado y Alberto Ruiz-Gallardón con el apoyo distante de Mariano Rajoy por el otro. Pero a la vez, y ayer más que nunca, ha destapado una clarísima división en el seno del PSOE.

Tomás Gómez, líder de los socialistas madrileños, ha demostrado que no es capaz de controlar a todos los miembros de la comisión de control, y tampoco del consejo de administración, que fueron elegidos en el cupo que corresponde al partido de la oposición en Madrid. En la votación del lunes, en el consejo, se le escapó Antonio Romero, que se sumó al bloque de Miguel Blesa. Y ayer fue Francisco Pérez, también elegido por el PSOE, el que no obedeció las directrices del partido. Su voto fue definitivo.

Pérez fue jefe de gabinete de Rafael Simancas, anterior líder socialista, lo que desató algunas sospechas de pelea interna, pero el propio Simancas se desvinculó ayer por completo de la decisión del que fuera su colaborador: "Vivo alejado de Caja Madrid, pero no estoy de acuerdo con lo que ha hecho Pérez. Yo estoy al lado de mi partido, y si hubiera sido miembro de la comisión de control habría actuado como pedía el PSOE. Además hay que recordar que fue jefe de gabinete mío hace años pero también hasta hace bien poco era secretario de organización con la nueva dirección", dijo a EL PAÍS.

Conflicto interno

Efectivamente, algunas fuentes tanto socialistas como populares situaban la explicación del voto de Pérez en su conflicto interno con Gómez, que en septiembre le retiró su confianza y lo dejó fuera de la Ejecutiva del PSOE de Madrid. El enfrentamiento entre ambos dirigentes habría llevado a Pérez a sumarse a los miembros de CC OO e IU que apoyan a Blesa.

Por otra parte, la maniobra desesperada de los aguirristas también prueba otra cuestión que ya se apuntaba desde que decidieron cambiar la ley en plenas Navidades. El equipo de la presidenta está dispuesto a todo con tal de hacerse con el control de la caja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de enero de 2009