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Reportaje:

Se hace saber...

Las ordenanzas municipales están repletas de normas que no se cumplen

En la ciudad de Alicante los coches tienen prohibido el uso del claxon, incluso en caso de dificultad o imposibilidad de tránsito, "salvo cuando exista peligro inminente de accidente". En la de Valencia está prohibido "el disparo de productos pirotécnicos fuera de las horas, lugares y actos autorizados", al igual que en Castellón, donde, además, está prohibido circular con bicicleta por aceras y plazas, cuando el propio sistema de préstamo municipal de este tipo de vehículos se encuentra, en algunos casos, en plazas.

Las ordenanzas municipales tratan de regular la convivencia. Y se aprueban para ser cumplidas, aunque en ocasiones reglamentan aspectos que chocan directamente con los usos ciudadanos y prohíben conductas difíciles de controlar.

En Castellón no se permiten las celebraciones en fuentes públicas

La ordenanza de parques y jardines de Valencia prohíbe espantar palomas

En Valencia, la ordenanza de protección contra la contaminación acústica se aprobó el pasado mayo y choca, al menos sobre el papel, con la tradición valenciana por excelencia, la de tirar petardos en cualquier celebración. En teoría, la prohibición alcanza a las típicas tracas de bodas, bautizos y comuniones, pero lo cierto es que el Ayuntamiento no multa a los alegres invitados que disparan las tracas a la salida de las iglesias. El artículo no busca cargarse la tradición, destacan fuentes municipales, sino poder multar, aunque sea por sanción leve, a los que aprovechan una celebración para disparar un castillo en mitad de la noche y molestan a los vecinos. También en Castellón está prohibido disparar petardos y cohetes, "salvo autorización expresa o en fiestas locales" pero, además, la ordenanza de convivencia prohíbe también "portar mechas encendidas".

Y hay otros muchos ejemplos. En la reglamentación contra el ruido de la capital valenciana "no se consideran actividades vecinales tolerables" las de "gritar, vociferar".

Por revisar está la ordenanza de limpieza urbana de Valencia, que se redactó en 1988. El documento incluye la posibilidad de que los servicios municipales puedan rechazar basuras "que no estén convenientemente presentadas" y homologadas en bolsas de basura que se especifican en un anexo. Bolsas con medidas y características concretas, y con el sello "limpiemos Valencia". Solo hace falta abrir un contenedor de residuos para ver la variopinta gama de bolsas utilizadas y comprobar que esos artículos cayeron en saco roto.

El intento de controlar las "deposiciones" de los perros tampoco ha triunfado ni en Valencia, ni en Alicante ni en Castellón. En muchas zonas no hay espacios reservados para ese menester y no son muchos los dueños de canes que se molestan en recoger en una bolsita esos excrementos, pese a que la ordenanza obliga a ello.

En la ciudad de Valencia, la ordenanza de parques y jardines prohíbe "espantar a las palomas", entre otras especies, y que las persigan perros "u otros animales". Nada dice de los niños que corretean detrás de las palomas en la plaza de la Virgen. En Castellón es más que probable que hagan la vista gorda a la prohibición de bañarse en las fuentes "incluso para celebraciones especiales si, en este caso último, no se dispone de la perceptiva autorización municipal". Se desconoce si habrá de solicitarla cada uno de los bañistas o los clubes serán los encargados de comunicar la celebración. A menudo, las prohibiciones son, simplemente, difíciles de demostrar y, por tanto, de sancionar. Como la que prohíbe, en la ordenanza de playas de Alicante, la "evacuación (deposición, micción, etc.) en el mar o en la playa".

Por otro lado, no hay más que dar una vuelta por la calle para entender que la prohibición de colocar octavillas, que recoge el borrador de la ordenanza de limpieza choca con la habitual estampa urbana. De hecho, en Castellón, donde ya está aprobada esta norma, resulta fácil ver parabrisas con publicidad. La ordenanza alicantina también prohíbe seleccionar y recoger residuos "depositados para su retirada", lo que en la práctica impediría la actividad diaria de muchos indigentes. El primer borrador de esta ordenanza, además, pretendía prohibir "echar en las papeleras botellas y latas".

Pocas denuncias

Al margen de que cualquier ciudadano puede denunciar el incumplimiento de una ordenanza, tal como explica la concejal socialista del Ayuntamiento de Valencia Carmina del Río, el secretario general local del Sindicato Profesional de la Policía Local y Bomberos de la Comunidad Valenciana, Juan Antonio Alcolea, admite que, en cuestiones como la de tocar el claxon hay pocas denuncias, aunque "alguna vez se ha denunciado" a algún conductor "cuando insistentemente toca el claxon en un atasco". Alcolea considera que las ordenanzas son instrumentos para permitir a los policías locales actuar en un momento dado. "Eso no significa que actúen siempre", apostilla.

Para la portavoz adjunta del Grupo Socialista municipal de Alicante, Carmen Sánchez Brufal, si una ordenanza no se acompaña de un refuerzo de la inspección "no se puede hacer cumplir".

"Muchos de los aspectos de las ordenanzas son inoperantes por falta de medios humanos y de especialización", añade Fany Serrano, asesora jurídica del Grupo Socialista de la Diputación de Alicante. Serrano defiende también que regular en exceso en ocasiones no tiene sentido y apuesta por reglamentar en función de las necesidades, que las ordenanzas estén coordinadas y "que se cumplan". En la misma línea, el secretario del Grupo Socialista en la Diputación de Alicante y alcalde de L'Alqueria d'Asnar, Jaume Pascual, considera que la Administración local debería quitarse "la careta represora" y ser más "educadora".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de diciembre de 2008

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