Entrevista:JAVIER BARÓN | Bailaor

"Hay que avanzar sin perder el hilo conductor de donde venimos"

Ha pasado ya una semana larga desde que el ministro de Cultura, César Antonio Molina, le telefoneó para comunicarle que le habían concedido el Premio Nacional de Danza en el apartado de Interpretación, y el bailaor Javier Barón (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1963) confiesa seguir todavía en una nube. Revive el momento y cuenta cómo, en un instante, en un rápido flash, pasaron por su cabeza los amigos, los compañeros, la familia y, de ella, especialmente su tío Manolo, el que le llevó a Madrid cuando sólo tenía once años y orientó su formación.

Primero a través de maestros como El Güito, Toni el Pelao, Rafael de Córdova o Faíco; luego, siguiendo su trayectoria en el Ballet Nacional, donde ingresó en 1981. Tras aquella experiencia, el artista quiso volver a su tierra y a lo suyo, el flamenco, y se presentó en la Bienal de Sevilla de 1988 consiguiendo el Giraldillo del Baile. Desde 1997 cuenta con compañía propia y con ella ha presentado más de media docena de espectáculos destacando, entre otros, su homenaje a Vicente Escudero -Baile hierro, baile de bronce- o el celebrado Dime en el que, con dirección de Pepa Gamboa, recreó los ambientes familiares de Lorca.

"Mi aportación es hacer lo que me gusta e incorporar lo que me enseñan"
"En los cursos que imparto veo que se quiere aprender muy deprisa"

Pregunta. En algún momento ha afirmado que los reconocimientos llegan cuando tienen que llegar. ¿Ha llegado éste en su momento?

Respuesta. Sí, sí. Mejor, imposible. Ha llegado en un momento muy especial, en ese tiempo en el que eres consciente de que llevas mucho luchando, intentando estar y hacer las cosas bien... y viene este reconocimiento que supone una inyección de fuerza, de moral para mi carrera. Y más cuando piensas lo que supone en el mundo de la danza y los artistas que históricamente lo han recibido. ¡Qué mejores Reyes Magos!

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P. Este Premio Nacional le llega justo a los 20 años del Giraldillo de la Bienal de Sevilla. ¿Era una reválida necesaria?

R. Creo que sí. Y es curioso que sea justo a los 20 años. Cuando lo del Giraldillo, vine a darme a conocer tras 16 años en Madrid, cuatro de ellos en el Ballet Nacional. Éste es otro tipo de premio. Es lo máximo que un artista puede soñar y te lo dan por todo lo que uno lleva detrás. Yo confieso que he soñado con ello.

P. Desde 2000, ya han sido media docena los artistas del baile flamenco que han recibido este premio. ¿Cree que ello supone un cambio de consideración hacia este arte o es tal vez el exponente de un buen momento?

R. Veo las dos cosas. Por una parte, pienso que a este arte ahora, y por fin, se le está dando todo lo que merece; lo mismo, al menos, que a otras disciplinas, como la danza clásica o el baile clásico español. Pero también hay que reconocer que, en estos momentos, el baile flamenco está en un momento muy importante, con mucha competencia, mucha gente joven creativa y estudiosa.

P. En la justificación del premio se citan los méritos: "Su aportación al flamenco desde la danza española y su dedicación a la investigación de estéticas en el flamenco, desde la ortodoxia y el conocimiento de este arte". Pero ¿cuál cree que es su aportación principal al baile?

R. Pienso que mi aportación tiene que ver con hacer lo que siempre me ha gustado, el flamenco, e incorporar a él todo lo que he aprendido. En el Ballet Nacional, con la escuela bolera y el clásico español, me enseñaron una disciplina y eso lo he trasladado al flamenco.

P. En el eterno dilema entre tradición y renovación, ¿dónde se sitúa?

R. Yo me sitúo en las dos vertientes. La tradición es lo aprendido, lo que no se puede olvidar porque, sin ello, no se pueden hacer evoluciones. La vida va hacia adelante y no para atrás, pero hay que avanzar sin perder el hilo conductor de donde venimos, la mirada atrás. Ahora, en los cursos que imparto, veo que se quiere aprender muy deprisa: pasos, pasos... Pero, en cada caso, es necesario saber de dónde proceden las cosas. Y eso lleva tiempo. Claro que, quizás sea que la pausa llega con la edad.

P. En la actualidad mantiene vivas sus dos últimas producciones, Dos voces para un baile, con un planteamiento intimista, y un espectáculo de mayor formato como es Meridiana. ¿Qué suponen cada una de ellas?

R.

Meridiana está viva, pero se trata de un montaje costoso, de gran compañía, lo que conlleva problemas de movilidad. De ahí el hecho de montar otro espectáculo más íntimo y pequeño. Supone, además, una vuelta a lo tradicional, al baile desnudo con el acompañamiento de guitarra, palmas y cante. Es un trabajo que lo mismo puede apreciar el entendido que el que nunca me haya visto bailar.

Javier Barón, con el puente de Triana al fondo.
Javier Barón, con el puente de Triana al fondo.CRISTINA QUICLER

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