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Al rescate del cine gallego crítico y social

Vuelve a proyectarse 'El andamio', una película de 1958 premiada y olvidada

En la pantalla, la película en blanco y negro arranca con la caída de un albañil desde el alto de un andamio. Es finales de los años 50 en A Coruña, en una España franquista que se abre a la arrasadora fiebre de urbanizar barrios periféricos. En la siguiente secuencia, regreso oscuro al 20 de julio de 1936, dos días después de la fatídica sublevación que desencadenó la Guerra Civil. No se trata del enésimo documento audiovisual en estos tiempos de febril recuperación de la memoria histórica, sino de una película de apenas 35 minutos de duración que permaneció medio siglo oculta y olvidada pese a representar, por ser "única y pionera, un antes y un después en el cine en Galicia".

Todo era casero; el director y los actores eran simples aficionados

La película denuncia el fracaso de una humilde familia

El andamio, escrita y dirigida por Rogelio Amigo, rodada en 1958 en A Coruña, y producida por los hermanos Docampo, es una joya del audiovisual autóctono. Nadie sabía de su paradero y pocos de su existencia pese a recibir en sus escasas proyecciones de aquella época múltiples reconocimientos y galardones, entre ellos un notorio primer premio en el festival de cine de San Sebastián de aquel año.

Medio siglo después, la cinta, que ni siquiera figuraba recogida en estudios y tratados sobre el cine en Galicia, vuelve a resurgir, restaurada y reivindicada en todo su resplandor de la mano del Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI) y de Lili Films, la productora coruñesa especializada en el rescate de obras audiovisuales.

El martes, en presencia de sus principales artífices, ahora octogenarios, será proyectada en A Coruña junto con un documental con el que Lili Films volvió, 50 años después, a recorrer los escenarios y a entrevistar a los protagonistas de una película cuya recuperación constituye todo un acontecimiento. Desvela una obra en celuloide casi desconocida pero precursora, con fuerte mensaje de crítica social en plena represión, repleta de talento e ingenio pese a encuadrarse en el activo movimiento de cine clubs amateur de aquel momento.

Todo era casero en El andamio. El director y los actores eran simples aficionados. El montaje, el sonido y hasta la financiación surgieron de la pequeña tienda de electrónica que los hermanos Docampo tenían en la Rúa Nueva de A Coruña. Son ellos quienes conservaban la única copia, ahora restaurada, de una película fundamental para "borrar sombras de la historia del cine gallego", reivindica Lili Films en su documental 50 años en el andamio, dirigido por Ángel Rueda.

Rodado en 16 milímetros, el cortometraje del coruñés Rogelio Amigo, quien tras esta primera incursión en el cine haría carrera en Madrid como ayudante de dirección y colaborador, entre otros, de Mario Camus, resulta de lo más profesional.

Una obra "diferente, atípica" y pionera al abrazar los valores del Manifiesto de Salamanca de 1958 que reivindicaba, en la estela de Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga, que el cine amateur recobrase contenido intelectual, social y humano.

"Para cuantos intervenimos en su rodaje, El andamio había sido un motivo de entretenimiento y diversión, sin ninguna pretensión, ni dándole más valor que la de una divertida aventura de jóvenes de aquellos años", afirma el actor protagonista José María Pujalte. Padre de la actriz María Pujalte y de Fernando, uno de los artífices de Lili Films, se maravilla que sean "jóvenes de hoy" los que se dieron cuenta de que aquella cinta de 1958 "merecía otra visión más seria" y recuperar su papel, importante, en la historia del cine en Galicia.

La película denuncia, a través del fracaso y desgracia de una humilde familia en la ciudad que se ve obligada a regresar al campo, la explotación de los obreros en el desarrollismo franquista que sólo da beneficio al promotor, chulesco y ladrón. El andamio no llegó a estar prohibida, pero sí fue censurada por la dictadura que, tras los premios, la sumió en el más absoluto olvido.

Múltiples son los homenajes en este cortometraje a Bardem y su mítica Muerte del ciclista y al neorrealismo italiano. "Rogelio Amigo logra amalgamar un montaje soviético con una trama de raíces hollywoodiense y bardemiana", resalta el historiador del cine gallego José Luis Castro de Paz. Y rinde también un gran tributo a la ciudad de A Coruña. No aparece ninguna de sus estampas más emblemáticas, como la Torre de Hércules o las galerías de la Marina, sino que los escenarios de la película son calles, plazas o lugares de barrios populares hoy completamente irreconocibles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de diciembre de 2008