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Crónica:Sexta jornada de la Liga de Campeones

El Atlético juega con la cabeza

El equipo madrileño se sobrepone con una sobria actuación a la presión ejercida por el Olympique y sus seguidores

En un ejercicio de autoridad que ratifica su buena campaña en Europa, el Atlético salió indemne de la caldera de Marsella tras el interminable pulso que mantuvo durante dos meses con la escuadra francesa en los despachos de la UEFA y el Tribunal de Arbitraje Deportivo. Es lo que tiene el cuadro de Javier Aguirre: se agranda con todo en contra y se achica en las citas intrascendentes. Anoche, pese al confeti de bengalas y cohetes, se sobrepuso a la bronca que prendió hace dos meses en el estadio Calderón con una sobria actuación con diez jugadores reservas haciendo de titulares. Casi le bastó para terminar primero de grupo por encima de tres campeones de Europa. La remontada final del Liverpool en Eindhoven, ante el PSV, impidió la proeza.

O. MARSELLA 0- ATLÉTICO 0

Olympique de Marsella: Mandanda; Bonnart, Zubar, Hilton, Taiwo; Ziani (Kaboré, m. 77), Cana; Koné, Ben Arfa, Zenden (Cheyrou, m. 80); y Samassa (Valbuena, m. 29). No utilizados: Riou; Rodríguez, Erbate y M'Bami.

Atlético de Madrid: Coupet; Seitaridis, Pablo, Perea, Antonio López; Raúl García; Maxi (Maniche, m. 62), Banega, Luis García (De las Cuevas, m. 77); Agüero (Forlán, m. 55) y Sinama-Pongolle. No utilizados: Leo Franco; Pernía, Ujfalusi y Camacho.

Árbitro: Wolfgang Stark (Alemania). Amonestó a Zubar, Luis García, Raúl García, Sinama-Pongolle y Perea (el defensa colombiano no jugará la ida de los octavos de final por acumulación de tarjetas amarillas).

Unos 45.000 espectadores en el Velódromo.

Los rojiblancos se agrandan con todo en contra y se achican en citas intrascendentes

Los hinchas locales encendieron al final una docena de bengalas y un cohete

El castigo pudo ser mayúsculo para el Olympique, pero finalmente disputará el premio de consolación, la Copa de la UEFA, por los reparos del PSV con los reds. Contra lo que se podría esperar, la ansiedad se apoderó del grupo de Eric Gerets, más pendiente de lo extrafutbolístico que de mover el balón con criterio. Cana entregó la cuchara a las primeras de cambio en su duelo con Banega y Raúl García, que le birlaron el cuero en una jornada plácida para el Atlético, sobre todo en los primeros 45 minutos. El club del Manzanares, disciplinado como pocas veces lo es, se dejó llevar tanto por el cerebro, y no por el corazón, que firmó su tercer empate sin goles a lo largo de la temporada.

El empaque de la cita no evitó que Aguirre diera carrete a medio banquillo. Aun así, pese a estar pendiente de recuperar puestos en la Liga, el duelo le salió de vicio. Por segundo partido consecutivo, Seitaridis percutió con criterio desde la banda. El griego tiró varios centros con pimienta, siempre buscando la espalda de los centrales, que adelantaron su posición hasta el círculo. Agüero y Sinama-Pngolle no sacaron provecho de la desesperación del Marsella, que con el paso del reloj, hasta que se confirmó la derrota del PSV, planteó un partido en plan suicida. Tampoco tuvo su día Forlán, que truncó su racha de siete dianas en los últimos cuatro encuentros.

Aun así, el Atlético dispone de mucha más pólvora que el Marsella. Gerets no tuvo más remedio que dar cancha a Samassa, que saltó al tapete con un aparatoso vendaje en una pierna. Lesionado Niang el pasado fin de semana, el entrenador del Olympique dispuso en la punta del ataque marsellés al tallo que llegó con la aureola de estrella desde Le Mans. Pero Pablo y Perea, dos centrales proclives a la anarquía, le anularon con una tranquilidad inaudita. La respuesta del preparador local no se hizo esperar y le cambió por Valbuena a la media hora. El resultado fue el mismo, aunque Coupet, el portero francés del Atlético, se tuvo que fajar con varias intervenciones de mérito, sobre todo en el curso del segundo tiempo.

Más pobre fue la labor de Ben Arfa. El centrocampista promete más de lo que hace. Aun así, aportó su granito de arena en el chaparrón local, que llegó después de que Luis García desaprovechara la mejor oportunidad del Atlético. Justamente después del descanso, el mediapunta, muy lejos de su papel cuando llevaba la casaca del Liverpool, se regatease a sí mismo delante de Mandanda.

Fue el punto final de un duelo que terminó en una clarísima provocación a la UEFA, que mañana estudiará si sanciona al club francés por el mechero que uno de sus aficionados lanzó a Gerrard, del Liverpool, en Anfield. Los camaradas de Santos Mirasierra le dieron nuevos argumentos: los ultras de ambos fondos del Velódromo celebraron el resultado, la clasificación para la Copa de la UEFA, ahumando el estadio al prender una docena de bengalas. La guinda fue un cohete que bañó de rojo la noche y dejó a la entidad que preside Pape Diouf carente de posibles excusas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de diciembre de 2008