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Dos sucesos, dos desenlaces

Vivir en medio de la nada

"Vivimos en medio de la miseria, sin medios, llenos de humedades y con unas ratas enormes. ¿No tenemos derecho a una casa como el resto de la gente?", protestaba Santiago. "¿Quién tiene valor para irse a dormir ahora a esas chabolas en las que han muerto dos niños tan pequeños?", se preguntaba Santiago Jiménez, el tío de los dos niños muertos, mientras se agarraba la cabeza con el brazo izquierdo y miraba al suelo a punto de echarse a llorar.

La entrada a las chabolas está a unos 50 metros del camino de tierra que pasa por debajo de la M-45. Al fondo se ve una hilera de neumáticos que da la entrada a un pequeño recinto de ladrillos. Dentro, plásticos, puertas que hacen de paredes y muchos plásticos. Al fondo, muy al fondo, en el horizonte se ven las grandes torres de oficinas de la capital. El dinero y la miseria. Cara y cruz, a pocos kilómetros.

La zona tiene luz gracias a que han enganchado un cable por un tendido que pasa junto al camino. El cable discurre por debajo de la tierra hasta la zona enladrillada. "¿Qué Navidades vamos a pasar ahora con la muerte de estas dos criaturas? Para nosotros, los gitanos, es una época de mucha alegría y de pasarlo muy bien. Pero éstas van a ser las más tristes de toda mi vida. Jamás se me van a olvidar los gritos del pequeño pidiendo que fuera su madre", añadía Santiago.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de diciembre de 2008