Análisis:Cosa de dos
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Infortunio

Circula por los medios una tontería sobre Esperanza Aguirre. No es nueva, pero estos últimos días ha cobrado fuerza. Se trata de lo del gafe. Colgarle a alguien la etiqueta de gafe constituye, además de una mezquindad, una ridiculez. No existen ni gafe ni gafados. En eso, supongo, estaremos de acuerdo. Incluso si admitiéramos que algunas personas tienden a atraer el infortunio, ¿cómo podría ser gafe una mujer que se considera afortunada y que hace esfuerzos para protegerse del mal fario? Aguirre usa amuletos, no se desprende del bolso rojo de la suerte, hace listas de cenizos que no quiere ver ni en pintura y desarrolla rituales para librarse de la desgracia. Lo contaba ayer El Mundo.

Que no salgan ahora con lo de Bombay. Como se sabe, buena parte de la clase política española estaba allí la semana pasada. La llegada de la presidenta madrileña coincidió con el inicio de un tremendo ataque terrorista. Sí, ¿y qué? No llegó sola. Ni viajaba sola en el helicóptero que se cayó. En realidad, Aguirre parece tocada por un ángel. Su cotización política no ha hecho más que subir desde lo del helicóptero. No puede decirse lo mismo de Rajoy, su acompañante de accidente. Aguirre siempre sale ganando. Recuerden las elecciones autonómicas de 2003, que la dejaron en minoría: donde no llegaron los votos, llegó el tamayazo. Ahí la tienen, presidenta de Madrid y, llegado el caso, de lo que haga falta.

Me siento en la obligación de insistir, porque éste es un diario serio: no hay gafes. Debo confesar, sin embargo, que me asaltó la duda el viernes, contemplando la histórica entrevista de Jordi González a Julián Muñoz y escuchando las tiernas confesiones del galán enamorado. Cuánto habrá sufrido la pobre Isabel Pantoja. Su marido falleció en accidente laboral y la dejó viuda y con un hijo, el hacendoso chaval mal llamado Paquirrín. A su gran amiga Encarna se la llevó la enfermedad. Julián Muñoz, su actual pasión, padece la cárcel y la penuria económica. ¿No podría Telecinco juntar en un programa especial a Pantoja y Aguirre, a ver qué pasa?

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