Crítica:ROCKCrítica
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Fidelidad

Ajeno a las modas que vienen y van, como cantaba Alaska, el valenciano Carlos Goñi se reencontraba de nuevo con su público madrileño. El interés suscitado no puede negarse, ya que el papel llevaba agotado varios días. Una audiencia de lo más heterogénea y en la que abundaban los treinta y cuarentañeros, se agolpaba a las puertas del recinto circense. Daba igual, porque la intención del respetable era revivir una vez más esa experiencia de pop rock con poso mediterráneo y notable querencia al Boss, que es marca de la casa de Carlos Goñi.

El pretexto era la presentación del duodécimo disco de Revolver: el álbum 21 Gramos, una reflexión sobre la vida y el amor que su autor realiza a partir de aquel mítico experimento de 1907 llevado a cabo por el doctor MacDougall y según el cual el peso del alma humana se refleja en ese guarismo.

REVOLVER

Carlos Goñi (voz, guitarra y armónica), Huma (guitarra y coros), Iñigo Goldaracena (bajo y coros), Julio Tejera (teclados y piano), Cuco Pérez (acordeón) y Julián Nemesio (batería). Circo Price. 40 y 32 euros. 1.500 espectadores.

Consideraciones filosóficas aparte, Goñi no es un personaje musical muy dado a las sorpresas. Sus canciones sonaron considerablemente más lentas que de costumbre. Por lo demás, todo igual: una voz plenamente reconocible y manejada con la soltura que dan el talento y la experiencia; una guitarra capaz de entregar riffs llenos de entidad y solos que a veces se iban por los cerros de Úbeda. Pero perro viejo no aprende nuevos trucos, con lo que resulta difícil imaginar que Goñi, que se gusta a su mismo de modo ostensible en escena, acudiera al consabido y a veces agradecible menos es más que tan llevadero puede hacer un concierto como este. Verdad es que los espectadores estaban entregados y que les daba lo mismo que las canciones duraran tres o veinte minutos.

Comenzó el cantante a pelo con guitarra eléctrica y armónica, atacando Calle Mayor en uno de los principios de ese tema más raros que se le recuerdan. Enseguida entró la banda para acompañarle en A contratiempo y enseguida quedó en evidencia que el Circo Price no parece el lugar ideal para un concierto de rock, que exige volumen y en el que continuamente el ruido se superpone a la armonía.

Un marinero Todos somos capitanes dio paso a una antigua canción de Revolver que Goñi ha tenido a bien recuperar y que expresa un claro mensaje contra la violencia de género: Lo que Ana ve. Largos preludios instrumentales fueron dando paso a un repertorio variado y en el que ganaban por mayoría los temas históricos del grupo.

La gente coreó los estribillos de Sara, San Pedro, El Dorado, con la que se cerró la actuación, u Odio, quizá la mejor que se escuchó en toda la noche puede que porque su ritmo boggie era el más dinámico de todos. Tras 14 temas, Carlos, que quizá se lo toma todo demasiado en serio, salió del escenario para volver enseguida a regalar a la concurrencia cinco temas más. Alrededor de dos horas de concierto en las que quedó claro que Revolver ha alentado la fidelidad de un público que se siente identificado con sus mensajes, con sus canciones y con la figura y personalidad de Goñi. Mientras él quiera y su público no esté demasiado mayor como para acudir a la cita con su ídolo, habrá Revolver para rato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 27 de noviembre de 2008.