Reportaje:El mejor broche a un año mágico

El triunfo total

Ningún otro país ha cosechado tantos títulos en una temporada: 15

Juan Gisbert, finalista de la Copa Davis en 1965, cuando Manolo Santana y los suyos tardaban un mes en llegar a Australia, viste camisa de rayas verdes, corbata roja y ojos impresionados. "¡Es que esto es para sacarse el sombrero, tú!", dice mientras se enfrenta a un buen pedazo de carne argentina. No le falta razón al ex tenista, que, ya veterano, formó pareja de dobles con un jovencísimo Björn Borg - "la combinación padre-hijo", se ríe sobre su relación con el sueco- y que llegó a disputar la final de lo que hoy es el Abierto de Australia cuando era aficionado.

Santana, frente a una larga cola de admiradores que esperan su autógrafo, también recurre a expresiones coloridas para comentar lo ocurrido en Mar del Plata. "Hay que tener cojones para ganar aquí. Es increíble el desarrollo que ha tenido la eliminatoria, como el tenis de Feli. Los argentinos lo daban todo por ganado al no venir Rafa y han caído en la trampa: todo el mundo sabía que Feli aquí juega muy bien. Tenemos un tenis extraordinario y ganar en Argentina sin Rafa es un apoyo tremendo para otros jugadores. Es un triunfo total, sobre todo ante este público".

Los éxitos de Nadal sobre hierba en los últimos tres años han servido de acicate
Santana: "Sin Rafa, los argentinos lo daban todo por ganado y han caído en la trampa"
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Verdasco se supera

España ha vivido un año mágico en el deporte y el tenis ha sido una de sus piedras angulares. Lo dicen los triunfos de Rafa Nadal, el título de la Copa Davis, la medalla de plata conseguida por Viví Ruano y Anabel Medina en los Juegos Olímpicos disputados en Pekín y las estadísticas, que colocan a diez españoles entre los 60 mejores tenistas del mundo. Ningún otro país puede presumir de semejante fondo de armario. Ningún otro país vivió nunca un año repleto de éxitos semejantes.

Lo ha conseguido España gracias a la aportación de Nadal. El número uno del mundo, ausente en Mar del Plata por una lesión en la rodilla derecha, ha protagonizado un curso de locura. El mallorquín se impuso en Roland Garros, Wimbledon y los Juegos. Consiguió terminar el año como número uno, un hecho sin precedentes en el tenis español. Y lideró la conquista de la Copa Davis con sus victorias contra Alemania y Estados Unidos. No ha sido su única aportación: sus éxitos sobre hierba en los últimos tres años -incluyeron el primer título español sobre esa superficie (Queen's) en 40 años- sirvieron de acicate para sus compañeros de generación. Ferrer conquistó el pasto de Hertogenbosch. Y a Fernando Verdasco sólo le detuvo la lluvia en Birmingham: tras jugar todo el torneo sobre hierba, la final debió disputarse en una pista dura bajo techo, el mejor terreno de su rival, el croata Karlovic.

En total, los españoles ganaron 15 títulos en 2008, más que ningún otro país. ¿Qué piensa cuando repasa todo esto? "Pues que estos tenistas son un póker de ases", contesta Gisbert, que reside en Miami y que intentó convencer a Manuel Orantes, su vieja pareja de dobles, de que viajara a Mar del Plata. No lo consiguió y se quedó sin el feliz reencuentro.

Este fin de semana, visto el triunfo de España, ya no le importaba tanto. "Ojalá a estos tenistas les respeten las lesiones", añade; "en mi época, si fallaba uno o se retiraba otro, ya no había nada, nadie que viniera por detrás. Antes no había nada: ni tantos jugadores, ni tantos clubes ni tantos entrenadores. Lo de ahora es impresionante".

Lo mismo piensan en la federación. Pedro Muñoz, su presidente, no se concede demasiada influencia en los éxitos deportivos de sus tenistas. Prefiere señalar los comerciales, como los más directamente relacionados con su gestión. Su reflexión, sin embargo, no debe de ser compartida por sus 27 directivos, todos presentes en Mar del Plata.

Ocurrió durante la cena del sábado por la noche, con España a un punto de conquistar su primera Davis a domicilio y los ejecutivos desatados: "¡A por ellos, oé!".

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