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Crónica:Octava jornada de Liga

Agüero y poco más

El Atlético toma aire con dos destellos del Kun frente a un Mallorca en construcción

Ande medio cojo o medio muerto, la ascendencia del Kun en el Atlético sigue ganando enteros, que ya es difícil. Las vacaciones forzosas le vinieron de vicio a Agüero, de recreo contra el Villarreal y el Orihuela en la Copa. Una vez recuperadas sus piernas de tanta tralla, de tantos compromisos con la selección, de tantas idas y venidas, suficientes para dar tres veces la vuelta al mundo en reactor, el yernísimo cerró el duelo con el Mallorca con una nueva obra de arte para la galería cuando el duelo todavía andaba en los fogones.

El nueve argentino se sacó de la chistera una vaselina que arruinó la salida de Moyà en el primer ataque en condiciones del Atlético, en una jugada de tiralíneas que comenzó Maniche y alumbró Forlán con un centro de cabeza. Agüero, de acuerdo con su rol de ídolo emergente, amortiguó el balón y se limitó a hacer fácil lo difícil. En el segundo gol no le hizo falta: simplemente empujó a la red un chut fallido de su pareja de baile uruguaya, que se convirtió en una asistencia letal para desesperación de Ramis y Navarro.

ATLÉTICO 2 - MALLORCA 0

Atlético: Leo Franco; Antonio López, Perea, Heitinga, Pernía; Maxi, Assunção, Maniche, Simão (Luis García, m. 87); Agüero (Raúl García, m. 81) y Forlán (Sinama, m. 67). No utilizados: Bernabé; Pablo, Camacho y De las Cuevas.

Mallorca: Moyà (Lux, m. 46); Josemi, Ramis, David Navarro, Corrales; Varela, Mario Suárez, Martí (Webó, m. 81), Arango; Scaloni (Trejo, m. 46) y Aduriz. No utilizados: Nunes, Ayoze, Juanmi y Castro.

Goles: 1-0. M. 13. Vaselina de Agüero sobre Moyà tras una asistencia de cabeza de Forlán. 2-0. M. 28. Agüero empuja un remate defectuoso de Forlán.

Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Heitinga, Scaloni, Pernía y Josemi.

Unos 50.000 espectadores en el Vicente Calderón.

El cuadro de Aguirre se dio un lujo poco visto en la temporada: un partido tranquilo, nada que ver con los correcalles que se le han atragantado en la cuesta de octubre. Tampoco es que el Mallorca esté para grandes aventuras. Falto de sus mejores piezas, Gregorio Manzano bastante tiene con capear el temporal. La escuadra balear sigue llorando la marcha de Ibagaza y Güiza. Sin ellos ha perdido la varita mágica que le hizo cubrir una segunda vuelta de escándalo el curso pasado, tan buena que le dejó a una pestaña de los puestos europeos.

El Atlético aprovechó sin estridencias las carencias de un rival en plena reconstrucción. Aupado por el Kun, saboreó de nuevo una victoria en la Liga, lo que no sucedía desde finales de septiembre en Getafe. Entonces inició su paseo particular por los infiernos. Bien lo sabía Manzano, que dio orden a sus muchachos de achuchar a Leo Franco, errático en los últimos compromisos. No hubo forma. Aduriz probó fortuna tras un mal despeje de Heitinga a los tres minutos, pero el meta se mostró concentrado. Varela se sumó a la cola, con la misma conclusión: el meta no se había untado anoche los guantes de mantequilla. El portero suramericano incluso se rebeló a las enseñanzas que le inculcaron desde chiquito, cuando desvió -en vez de atajar, según los prefectos de la escuela argentina- un zurdazo tremendo de Mario Suárez.

Mientras Leo Franco redimía sus últimos pecados con una mano sobrenatural a un intento de Webó a quemarropa, Heitinga volvió a emitir señales preocupantes. El central holandés se movió a disgusto sobre el tapete. Las lesiones en la rodilla derecha, originadas con la oranje, le han cortado el ritmo. Ya no es aquel jugador estético que echó el candado en la defensa hace mes y medio. Si Drenthe le sacó los colores en el derby con el Madrid, provocando un penalti absurdo, anoche, lejos del área, asaltó con el hacha a Varela en una acción que no venía a tiempo.

Las dudas de Heitinga propiciaron la acción de más peligro visitante. Aduriz le robó la cartera en un balón por alto y mandó el cuero al larguero. Fue la mejor ocasión de un Mallorca blandito que le dio una noche plácida al Atlético. El grupo de Aguirre, a la bartola el segundo tiempo, en la que estuvo más pendiente de su visita al Liverpool, se dio una alegría tras un mes terrorífico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2008