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Crítica:XV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA

Una generosidad maestra

Quizás, sólo grandes artistas -pero también grandes personas- sean capaces de ofrecer un momento tan mágico como el que ofrecieron Matilde Coral e Isabel Bayón en el tramo final del estreno de Tórtola Valencia. Una como maestra, y la otra como aventajada discípula, las dos sobradas de generosidad. Porque no es común que una artista, en tan señalado momento, elija las sombras y abandone su espacio estelar. Y tampoco es corriente que, con los achaques de tantos años de baile en sus piernas, Coral ofreciera la lección con que nos regaló. Un baile rebosante de esencias, de brazos, torso y cadera con unos pies casi silentes que dibujaron los movimientos de la escuela que representan ambas. Y toda la secuencia con la presencia de un Miguel Poveda que disfrutó tanto que su cante, por soleá y bulerías, fue de los que no se olvidan. Para enmarcar.

TÓRTOLA VALENCIA

Isabel Bayón Cia. Flamenca. Con la colaboración especial de Matilde Coral. Cante: Miguel Ortega, El Pulga, Moi de Morón. Guitarras: Jesús Torres, Paco Arriaga. Percusión: El Pájaro. Viola: Rafa. Dirección: Pepa Gamboa. Dramaturgia: Antonio Álamo. Coreografía: Isabel Bayón.

Teatro Lope de Vega, 29 de septiembre.

Fue la culminación de la obra con la que Bayón rastrea la invisible estela de esa bailarina de leyenda, que no fue flamenca, pero sí famosa, entre otras cosas, por su feminidad y sensualidad, elementos comunes a cualquier baile de mujer que se precie. El de Isabel lo es con rotundidad y de ello da buena muestra en cualquier estilo. Aquí lo hizo por tangos, pregones, garrotín, farruca y, por supuesto, soléa, derrochando recursos en cada uno de ellos. En tres momentos persiguió el alma de Tórtola y en los tres abandonó el flamenco para entregar danzas de fina ejecución. Fue Salomé, la Serpiente y, finalmente, La Mariposa al inicio de una guajira que atacó con dos abanicos y un hermoso juego de manos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de octubre de 2008